Laureano Ramirez Camacho

LUCAS JUAN Y EL RAZONAMIENTO DEDUCTIVO

Bueno, me llamo Raquel, tengo 49 años y soy la pareja de Lucas Juan desde hace unos veinticuatro años. Lucas y yo nos conocimos en una academia mientras preparábamos oposiciones a enseñanza secundaria. Ambos éramos y somos licenciados en Ciencias Exactas. Lucas obtuvo también el doctorado, y luego se licenció en Químicas, Farmacia y, por último y se hizo Ingeniero Superior Industrial especialista en Procesos. Dejó de dar clases en la Facultad De CC Exactas para dedicarse a la criminología como asesor especialista, hace dos lustros.

Nació el 15 de diciembre de 1967, en Segovia, pues su padre estaba allí destinado de cartero, pero se fué Madrid cuando aún era un niño, y tiene ahora 49 años. Es un tipo muy normal, en apariencia. Mide un metro y setenta y cinco centímetros aproximadamente. No es ni gordo ni flaco, pesa unos 65 kilos. El pelo, color castaño oscuro y siempre despeinado, ojos marrones claros con la sempiterna pupila contraída, y piel cetrina tirando a aceitunada. Si algo hay que lo pueda distinguir un poco de la masa es su forma de caminar: lo hace como si estuviera desfilando. Yo le digo que parece un robot y se muestra un poco molesto, porque lo sabe y no logra disimularlo. Si se lo repito, se mosquea conmigo. Es un hombre serio, pero con un peculiar sentido del humor, muy lejos del histrionismo carcajeante. Su agudeza humorística roza lo genial, pero también es capaz de decir las chorradas más grandes que ser humano alguna vez dijera. Su carácter es reservado, pero afable. Posee nobles sentimientos y es bueno por naturaleza. No es rencoroso, ni vengativo, ni clasista, ni sexista ni nada que sea consecuencia de la pasión, por ello no es nada pasional, sino metódico, flemático y muy prudente. Bueno, para ser justos con él, debo decir que sí que hay algo que odia y es el fanatismo. Cuando alguien dice lo que no es, y se reintera sin reconocer la verdad,  cegado por la pasión (en el fútbol ocurre eso, por ejemplo), Lucas educadamente, se retira contrariado, porque ya de momento, esa persona sobra en su círculo. No le dirá nada, ni le reprochará, ni le desdeñará, pero jamás será su amigo ni se tomará unas cañas con él siquiera. Lucas Juan es adicto a los opiáceos desde los 26 años. Se enganchó tomando codeína de vez en cuando. Luego tilidina y dihidrocodeína, y para los “monillos” dextropropoxifeno o loperamida. Luego Vicodín y petidina, la segunda le sentó fatal y no la volvió a tomar, y el Vicodin (hidromorfina) era muy difícil de conseguir en España. Finalmente, la morfina en sulfato y luego en cloruro mórfico, y ahí está ahora, tras cerca de media vida. Jamás compró heroína callejera, ni siquiera para un imprevisto. Tenía recetadas dosis de cerca de 1 gramo diario de cloruro mórfico y con ello se contentaba. Había periodos en los que tomaba medio gramo y otros en los que pasaba del gramo y medio, pero tenía siempre a mano la clonidina y el deprancol, por si acaso. Carece de antecedentes penales y esa adicción no le preocupa en absoluto, y siempre se compara con un diabético. Lo será de por vida, y no le importa. La verdad es que su salud es perfecta, no se pone enfermo jamás, hace una vida normal y eso demuestra que lo que hace estragos no es la droga, sino la prohibición y el mercado negro. Argumenta él que los opiáceos prudente, responsable y pautadamente consumidos, inspiran, umentan la capacidad de trabajo, evitan la depresión y el dolor y son capaces de mejorar siempre el estado anímico.

Nos conocimos en la academia preparando oposición, como ya he dicho, pues bien, al poco de conocerle, un día tomando copas me reveló su gran pasión por la criminología y por la deducción aplicada a ella. Había resuelto ya el caso del reloj de diseño, utilizando el método deductivo que aprendió leyendo a Conan Doyle, intervino como asesor en unos tres o cuatro casos más que fueron un éxito, se ganó una reputación muy jóven, con 23 años ya la policía acudía a él para consultarle.

Pero ahora, al parecer, le había encomendado una misión muy particular: descifrar un mensaje en clave, que no habían sido capaces de hacer ellos ni usando ordenadores (los de 1994). Lucas aceptó y se hizo cargo. Llevaba solamente un día con él, y mi petición, él me enseñó el mensaje.

- De resto ya se ocupan ellos, pero a mi me tocó descifrarlo. Aquí está.

Me mostró un papelito que contenía esto:

3-10  1-22  2-14  2-12  1-17  1-0  2-17  4-0  2-9  1-6  1-4  4-11 4-8 3-0  1-18  2-20  3-7  3-13  1-0  4-6  3-9  2-0  2-20  4-1  4-17  1-6  3-13  3-0  0-9  2-11  3-10  2-0  3-17  3-13  2-13  2-0  2-9  4-1  1-6 3-5  2-14  1-19  3-0  3-6  1-17  1-22  3-13  1-1  1-17  2-13  4-0  4-12 4-17  1-19  1-0  3-13  2-17  4-9  1-13  2-0  3-10  3-19  3-12  2-20  1-5 3-1  1-0

- ¿Y esto por donde se coge? - pregunté confusa.

- Contiene la clave para evitar un asesinato, al parecer. O eso dice la policía – replicó Lucas Juan.

- ¿lo has resuelto?

- Con tu ayuda, lo haremos ambos y ahora – me dijo muy serio.

- Un poco complicado, no? – dije yo riendo.

- Verás, todo es complicado en ausencia de método, todo. Sin embargo, con un sistema factible, nada lo es. Verás – comenzó Lucas. He analizado el papelito unas horas y he extraído las siguientes conclusiones:

En primer lugar, podríamos asegurar que se trata un cifrado muy básico, a juzgar por su apariencia general. Eso no quiere decir que sea fácil. Tiene un nombre, pero no lo recuerdo ahora... lo cierto es que el primer número indica una línea o frase y el segundo una letra o palabra. De eso no tengo la menor duda.

Si te fijas, hay veces que el 0 aparece, siempre en segundo lugar, y solo una vez en primer lugar, eso debe indicar algo. Creo que los pares donde aparece el 0 en segundo lugar (todos menos uno), son separaciones y ello me lleva a concluir que los pares numéricos son letras, porque si fueran palabras las separaciones estarían de más. Podrían ser punto o comas, pero en una cifra carecen de sentido. Tengo que dar por válida esa hipótesis, de lo contrario no podría seguir. ¿qué te parece?

- Sigue, por favor - le dije asintiendo.

Se trata por tanto de acotar para encontrar el texto llave por exclusión, y para ello usaré el razonamiento deductivo.

- Ese método no es muy ortodoxo - le dije.

- Olvida los academicismos y vamos a lo práctico - respondió haciendo un gesto de desdén con el brazo.

El primer número nunca es mayor que 4, eso indica que el texto llave tiene 4 líneas o frases. El segundo, que indica la posición de la letra tiene, al menos 22 letras , la primera frase; 20 la segunda; 19 la tercera y 17 la cuarta. Lo cual no significa que no tengan en realidad más letras, pero como mínimo, tienen esas. Al ser 78 letras en total y tener el cifrado 55, la verdad es que no pueden permitirse dejar puera muchas letras, máxime cuando una de las claves para que sea seguro consiste en cifrar la misma letra de varias formas diferentes, mientras más haya, peor para el que trate de descifrarlo.

Otra cosa, el texto llave no debe jamás ser escrito, debe estar en las cabezas de los que lo manejan, por tanto debe ser un texto muy conocido por todos, memorizado por todos o casi todos. El motivo es sencillo. Según Horacio Torres, el inspector que me ha encargado este trabajo, suelen comunicarse con cifras, y este es el segundo ttexto que consiguen pillar, y ha sido por la casualidad más grande del mundo. Se le cayó de la mano a un chico cuando el mismo Horacio iba pasando por allí. Lo vió y le preguntó al chaval quién se lo había dado y le respondió que un señor le había dicho que alguien se lo pediría y le dió 1000 pesetas. Casualidad total. Por ello, es el mismo texto y debe estar en las memorias. Pienso en una oración religiosa, por ejemplo.

Sigamos, debe ser un texto español en su original, ya que si es traducido puede variar según el traductor o la edición. Así que debe ser originalmente escrito en castellano.

Ahora vamos a escudriñar en la cifra. He observado que hay una vez que el 0 está en primer lugar, eso debe significar algo. Creo que significa que la segunda cifra es un número y no una letra, así que 9 debe ser un numero de casa, una hora o una identificación numérica. Lo podían poner en letras, pero el mensaje tampoco debe ser muy largo.

- ¿Y por qué llegas a esa conclusión?

- Porque dentro de tal galimatías, eso puede pasar desapercibido, incluso confundir más a un descifrador poco experto, que lo considerará, como mucho, una separación más.

- De acuerdo - dije.

Si partimos de eso como cierto, debe estar precedido de una calle o un día y seguido de horas o pm o am. Como después hay dos letras, creo que es AM o PM.

El gran problema es que una misma letra puede tener varios códigos, pero no hay más remedio que repetir algunos. El 3-13 se repite más veces que los otros. Y ahora, el que lo ha cifrado ha caído en ello sin duda, quiere que yo piense en una vocal, la más frecuente en castellano es la "e",  pero eso sería muy evidente, así que ¿qué hará el codificador? Intentar confundir más y usar ahí una consonante que no tiene más remedio que ser de mucha frecuencia de aparición, como la S, la consonante más frecuente en castellano.

LLegado a este punto, se trata de ir probando y desechando.

He probado con el padrenuestro, el avemaría, el gloria, el Jesusito de mi vida… y nada. Pero debe ser una poesía, porque es más fácil de memorizar y por los cuatro versos y además muy, muy conocida. Tanto es así que si no han cambiado la cifra entre el otro mensaje interceptado, hace un año y este, supongo que es la misma pieza.

¿se te ocurre alguna?

- "Volverán las oscuras….." – dije yo.

- No, no, no – dijo Lucas. Deben ser versos octosílabos, de arte menor, de lo contrario no tendrían 22 letras sino 25 o más. Las composiciónes de arte menor tienen casi todas ocho sílabas y eso acota a 16-22 el número de letras.

- "Admirose un portugués…" - propuse.

Es una décima, pero los primeros cuatro versos podrían ser. Probemos.

Lo hicimos y no tenía sentido. La desechamos.

- Esa décima no es tan conocida, me dijo Lucas Juan.

- ¿Y un refrán? – apunté yo.

- En cada sitio se dicen de una forma. Y hay miles…no, es una poesía – dijo Lucas pensativo.

- Y si te tomas una pastillita de las tuyas? – repuse sonriendo.

- He tomado hoy muchas.

- Piensa – dije.

- Tu también – contestó Lucas.

Estuvimos dándole a la mollera un buen rato y tras probar con diez o doce poesías, al final no se nos ocurría nada.

- Las del colegio – dijo Raquel.

- "Recuerde el alma dormida..." – dijo Lucas. No, no, el cuarto verso tiene solo 4 sílabas, y en este caso tiene 17 letras. Ese serían 11 o menos , “Tan callando” “fue mejor” “es el morir” “e más chicos” no, no, no… otra, es otra.

- La canción del pirata – dije yo. “Que es mi barco mi tesoro…”. Probamos y tampoco.

- Pero - apuntó Lucas , y si fueran los primeros versos “ con diez cañones por banda…”

Probamos y…oh maravilla, el mensaje tenía sentido.

“matar a Pedro Blas el lunes 9 pm usa puerta trasera Ana sabe Merlin”.

Nos miramos boquiabiertos y salimos corriendo a la policía.

- Inspector Horacio Torres – dijo Lucas. ¿Conoce a Pedro Blas? O a Merlín.

- Merlín es el apodo de José Entrena, el cerebro de la trama de los “Lobos”. Pedro Blas es un empresario objeto de extorsiones por esa banda, amenazado de muerte - dijo Torres.

- ¿Y Ana, le suena? – preguntó Lucas.

- Es su sirvienta – respondió Horacio. ¿Cómo demonios…? .

Lucas Juan sacó el papel y se lo mostró, por detras.

- Lea esto: “matar a Pedro Blas el lunes 9 pm usa puerta trasera Ana sabe. Merlín”.

Torres quedó estupefacto y de inmediato ordenó el dispositivo.

- El lunes es dentro de tres días, allí estaremos esperando.

- Pero ¿y si hay otro mensaje y este es para despistar? – dijo Lucas.

- Esperemos que no sea así – dijo Horacio.

El lunes detuvieron a Unai Zamora, sicario a sueldo. Merlín fue también detenido. Y Lucas no cabía en sí de placer.

Ese día concluí que estaba con un genio como pocos hay en el mundo y me enamoré de él. Hasta hoy.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Laureano Ramirez Camacho.
Publicado en e-Stories.org el 07.05.2017.

 

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