Álvaro Luengo

La valla

Yo era un tipo más o menos equilibrado hasta que una tarde que iba en el coche, al doblar una esquina de un barrio obrero me encontré con un gorila embutido en un mono azul que me hacía señas con una mano para que frenara mientras agitaba una valla amarilla frente a mi parabrisas con la otra.

-¿Qué pasa?... ¡Déjame pasar!- le dije sorprendido.

Él me negó por tres veces moviendo su enorme casco, y masticando las palabras me soltó:

-Se tiene que esperar hasta que llevemos este contenedor al otro lado de la acera- lanzando mirada torva.

Y la cuadrilla que le escoltaba asintió divertida tras intercambiar un guiño con el conductor del camión.

-¿Será cabrón el tío este?- no me atreví a decir.

-¿Pero qué me dices?- sí que le dije -¡Si no has cogido la valla hasta que me has visto venir y ni siquiera la has colocado aún! ¡Y no llevo coches detrás! Déjame pasar y pon luego tu valla, ¿no?

-¡La valla ya está puesta!- zanjó la conversación asentando la valla violentamente frente al coche -Y ya le he dicho que no se puede pasar hasta que movamos el contenedor. Así que o se espera hasta que lo hagamos o se vuelve por dónde ha venido. ¡Y no me haga perder más tiempo!

Yo no daba crédito a lo que pasaba y él, dando el asunto por concluido, se volvió hacia sus tropas con gesto altanero y ordenó –Vamos, muchachos, ¡izar el contenedor!

A mí me dio un calentón y ya me iba a bajar del coche cuando un repentino ataque de cordura me hizo imaginarme a mí, con mi aspecto delgaducho y quijotesco siendo vapuleado por aquel bestiajo, jaleado por su grupo de  cheerleaders ante el unánime regocijo del vecindario que lo grababa con sus móviles desde las ventanas… ¡Estrella en youtube seguro!... ¿En dónde iba a meterme?

Así que no os haré perder más tiempo, no sea que también me plantéis una valla, y os confesaré que aquella tarde me achanté, me la envainé, me recorrí una manzana y media marcha atrás para alejarme de allí, y me di un rodeo de tres pares de cojones cagándome en la puta madre del jodido orangután que se había cruzado en mi camino, que os lo digo sin remilgos porque las cosas fueron así y con vosotros quiero aparentar sinceridad.

Y os aseguro que esto nunca se lo he contado a nadie, porque la historia hiere mi orgullo y me hace sentirme avergonzado y rabioso… Ahora sé que debí comprar en su momento los anabolizantes que me ofrecieron en el gimnasio ese al que fui un día, o mejor aún, el Kalashnikov que anunciaban en Milanuncios, pero el caso es que ya era tarde para lamentarme y tengo que admitir que admitir que me sentí sodomizado sin ningún miramiento.

Y el caso es que desde entonces, la idea de haber sido violado y humillado públicamente se me hace obsesiva y constante, y le da un tinte violáceo a todos mis pensamientos y a mi conducta. 

Y recurro a vosotros para saber qué habríais hecho en mi caso, y os lo digo muy en serio, porque como estáis ahí tan calladitos no sé muy bien de qué palo vais y si es que me estáis acompañando por solidaridad o por pena.

Así que os pido vuestra colaboración para hacer una encuesta que me ayude a resolver mis dudas, porque aunque soy consciente de que nunca seré Braveheart ni el Cid Campeador, me gustaría saber si mi reacción os resulta más o menos aceptable o es de una cobardía imperdonable, así que si sois tan amables me mandáis vuestras respuestas, VN (valor normalito) o CM (cobarde de mierda) a:

cagalotodo@gmail.com

Porque el caso es que aquella experiencia me marcó para siempre, como el hierro caliente al ternero, y aniquiló las referencias que tenía sobre mi personalidad, con lo que le he perdido el punto a todo y ahora no tengo ni idea de cómo comportarme con los demás.

Para que os hagáis una idea, en una ocasión me presentaron unos amigos a alguien que me dijo:

-Encantado de conocerte, ¿qué tal estás?

Y yo me quedé pensando:

-¿Y este tío de qué va? Seguro que sabe que mi mujer me ha dejado por otro y me viene a dar por culo un rato con su aire de superioridad y su sonrisita de mierda. Pues se va a tragar sus palabras.

Y le agarré por el cuello de la camisa y le contesté:

-¿Y a ti que te importa, mamón? ¿Es que sabes algo de Elisa o qué?

Y aquello dio lugar a una situación complicada, claro está, y a mí me remordió luego la conciencia por el pasote que me había dado y me prometí a mí mismo no volver a ser tan suspicaz y ser más moderado en mis acciones.

Pero al día siguiente me llamó mi ex amigo Enrique, el traidor que me había levantado a Elisa, muy compungido porque se había quedado sin trabajo y les echaban de su casa por falta de pago estando ella embarazada, y yo pequé de ingenuidad y de blandengue.

-¡Ayúdanos, Alberto, por favor!- me decía ella, llorando –Nos vamos a quedar en la calle y no tenemos a nadie más a quién recurrir… Y así, entre nosotros, te tengo que decir que aún no estoy segura de quién es el padre… ¿Es que vas a dejar a tu hijo tirado en la calle?

Y el caso es que la muy pérfida consiguió enternecerme y les acabé ayudando y pagando el piso, como gilipollas que soy, y eso que ellos ni siquiera me invitaron al bautizo, aunque el niño, a dios gracias, nació chino, con lo que al menos no tuve que pagar su pensión.

Y en vista de que ya nunca acierto en el trato con las personas, he llegado a la conclusión de que estoy seriamente incapacitado para las relaciones humanas y me he venido a vivir a  lo alto de esta lejana colina, donde no tengo que ver a nadie. Y todo por culpa de mi encuentro con el morlaco ese de la valla, que no se lo perdonaré nunca.

Y si me contestáis a la encuesta pues yo al menos me podré hacer una idea de cómo soy y así crearme unas nuevas referencias sobre mi persona y saber cómo comportarme con los demás, ¿no?, porque estoy más perdido que un astronauta flotando en el espacio.

Muchísimas gracias a todos por vuestra ayuda, de verdad. Sois mi última esperanza.

Pero no se os ocurra engañarme con las respuestas porque sé dónde vivís, y voy y os la lío, ¿eh?

Perdonadme esto último, por favor. Es mi carácter y hay veces que no lo puedo controlar.

 

 

FIN

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Álvaro Luengo.
Publicado en e-Stories.org el 03.07.2017.

 

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