Luis Alberto Serrano

Candados

     Hay múltiples formas de amar, pero la más comúnmente aceptada es la del “amor cerrado”. Nada, ni nadie, puede entrar en la pareja. Salvo los hijos, por supuesto. Qué fácil era decir esto en la época de nuestros abuelos. Hoy, en los días en los que todo es más efímero, quizás ya no sea la fórmula perfecta para los tiempos que corren. Que paradójico resulta ver, esta semana, cómo los candados del Puente de las Artes de París son retirados porque amenazan con hundir la pasarela.

     Me gustaría saber qué porcentaje de parejas que pusieron su candado sellado encima del Sena siguen juntas. ¿Será que, al igual que el propio puente puede ser abatido por las muestras de sentimiento de los enamorados, la sociedad puede estar derrumbándose por una forma de unión afectiva que empieza a dejar de funcionar? Difícil cuestión que solo los años verán solucionar. Entre la existencia de parejas de mismo sexo, la intolerancia a los problemas que hacen que las rupturas matrimoniales ya no sean extrañas, el culto egocéntrico del hombre moderno que necesita ilusiones renovadas y deja a su esposa por vivir una aventura con otra mujer que le aporta nuevas sensaciones, estamos en tiempos convulsos de una sociedad que está mutando hacia ni ella misma sabe dónde.

     Me gustaría saber que hacen ahora Lourence y Patrice, Iván y Natalia o Jorge y María ¿Seguirán juntos cumpliendo esa promesa de amor eterno que se hicieron? Ojalá que así sea. Todo el mundo merece ser feliz. Lo que sí tenemos que decir es que todos necesitamos vivir con amor. El ser humano, por naturaleza, es un ser social y necesita a las demás personas para sobrevivir por dos razones: para defenderse y para procrear. Creo que seguiré sintiéndome feliz cada vez que veo a dos personas encadenar su amor juntos y, mucho más, si en la vejez se sientan con una gran cantidad de nietos a sus pies a contarles la historia y enseñarles la llave de ese candado que pusieron un día en la verja, bien cerrado después de prometerse amor eterno.

 

 

     Love has multiple forms and shapes, but the most commonly accepted one is the ‘exclusive love’. No one nor anything can interfere with the couple. Except for the children, of course. How easy it was to say so in our grandparents’ times. Now, in these days in which everything is more ephemeral, maybe it is not the perfect formula anymore. How paradoxical it is to see that the ‘love locks’ fastened to the Pont des Arts in Paris have been removed earlier this week because their weight is about to make the bridge collapse.

     I would like to know what percentage of the couples who tied their padlocks above the Seine are still together. Could it be possible that, just as the bridge itself is struggling with lovers’ love proofs, our society may be caving in due to a type of affective bond starting to fail? Hard issue that only time will see solved. The existence of same-sex couples, the intolerance towards problems that make marital break-ups no longer surprising, the egocentric worship of the modern man who needs renewed illusions and leaves his wife in order to live an adventure with another woman who makes him feel new emotions… All these elements are leading us to turbulent times of a society that is turning into who knows what.

     I would like to know what are Lourence&Patrice, Iván&Natalia or Jorge&María doing now. Will they be still together, keeping their promise of everlasting love? I hope so. Everybody deserves happiness. What we do need to say is that we all need love in our lives. Human beings, by nature, are social and need people to survive for two reasons: to defend themselves and to procreate. I think I will continue to feel joy every time I see two people chaining up their love and even more if in the old age they sit together surrounded by a huge number of grandchildren to whom tell their story and show the key of that padlock they once fastened in some railings, well-closed after promising to love each other forever.

 

 

TWITTER: @luisalserrano @foto_relato
Relato basado en una fotográfia del fotógrafo británico Jon Peck (@jonpeckphoto1)
Traducción: Ana Serrano Cruz

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Luis Alberto Serrano.
Publicado en e-Stories.org el 07.09.2017.

 

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