Sergio Lubel

Estar no es ver...

No los culpo.

A cualquier habitante del planeta Tierra mi conducta le parecería – Por lo menos – Extraña.

El sábado, estando en casa se mamá, los escuché murmurando a ella y a mi hermano respecto de cierto sanatorio para astronautas como yo, y la posibilidad que la seguridad social cubriera mi estadía allí.

En las películas, cuando el protagonista convive con un fantasma, espíritu o alienígena, suele ser el resto de la gente quién no lo ve…

En mi caso es al revés: Yo convivo con alguien a quien todo el mundo ve…Menos yo. Según las leyes de la Física tradicional, no solo existe, sino que ocupa un lugar en el espacio, y hasta tiene peso; me doy cuenta por las noches, cuando el otro lado de mi cama se ahueca, tomando la forma de un ser humano reposando; los vecinos saludan al vacío desde donde pende un lazo en cuyo otro extremo va un perro enorme.

A veces intento tomar una ducha, pero al entrar al baño, el agua traza una figura de mujer que me impide la entrada.Ya me he acostumbrado a la vajilla lavándose sola, o a la alarma matutina, inclusive he tratado de hablar con esta entidad con la que convivo, pero cada vez que lo intento, un teléfono móvil se levanta solo de la mesa y en su pantalla comienzan a correr redes sociales, en particular Facebook o WhatsApp…También suene sonar el teléfono, que se atiende solo.

Supongo que debe andar por lo cuarenta y algo o más, ya que no veo tampones ni toallitas personales en el baño. El rock, la música clásica y andina han sido reemplazados por súbitos arranques de salsa, hip hop y champeta.

Pero no todo es – Digamos – negativo, a veces siento una caricia invisible o mis labios son besados por otros labios, a veces unos brazos me rodean, no los veo, pero parecen tenerme afecto, ya que se quedan un rato rodeando mi cuello…

En fin, me he acostumbrado a ella, por eso, cuando a las seis de la mañana la puerta se cierra, me queda una sensación de vacío, que inunda cual bruma la casa…

Debo confesar lector, que te he mentido en parte, alguna vez fue la mujer de la que me enamoré, pero se fue haciendo más y más transparente a medida que el fuego inicial de la pareja se transformó en la llama de una vela, de cuya llama siento el calor, pero no puedo verla a través del velo de la rutina…

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Sergio Lubel.
Publicado en e-Stories.org el 19.11.2017.

 

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