Emilce Muriel Gandó

La muerte a través de la niebla

Había muerto el abuelo Chechi. El único abuelo que conocí. Se fue el día que mi primo cumplía años. A mi ex abuela Isabel le vino divina la fecha. Doble tragedia decía, mientas todos la compadecían. No digo que no lo quería... pero para una generación donde el divorcio no era una opción, con amantes de por medio, lograron soportarse. Hasta que la muerte los separó.

Yo tendría unos 9 años. El Chechi me hacía reír algunas veces, pero no tenía una relación muy profunda. Mi mamá (su 1er ex nuera) y todas las ex nueras siguientes lo adoraban. Yo lo veía viejísimo y con mis 9 frescos años me pareció "lógico" que alguien tan viejo se muriera.

Visualizo nítidamente cuando acompañamos a mi papá hasta el auto para que fuera al velorio. Mamá y yo volvimos a casa y ella, hablando un poco para mí pero también con algo de retórica dijo: “ahora lo lloran al pobre viejo, cuando lo enloquecieron durante años. Murielita, a las personas hay que tratarlas bien en vida. No llorarlas cuando están en el cajón”'. Claro que mucho no entendí. Pero me dejó pensando. Y a los 6 meses, cuando empecé a extrañar los domingos con Chechi, lo lloré.

Cuando murió la abuela de mi amiga Karin, me reí muchísimo. Todo el velorio. Maldita risa nerviosa e incontrolable. Karin amaba a Maussi. La oma Maussi nos hacía gulash. Todas la queríamos. Así que, con la poca dignidad que me quedaba, me fui a reír a la vereda.

Nunca más fui a un velorio. Hasta que murió el papá de Eze. Y como ese dolor lo conocía bien, sentí que mi deber era abrazarlo fuerte. Decirle que no todo iba a estar bien y que era una gran cagada que la gente buena se muriera. Mientras lo abrazaba fuerte, claro. Valió la pena entrar. Cerca de Ezequiel. Pero lejos del cajón. Para no tentarme.

El velorio de mi papá había sido unos años antes. Obvio que no fui. Fui a la facu, a pasear con mi hada madrina x Recoleta y a laburar. Ese día adquirí el título de ex nieta. Isabel me llamó para “salvarme”. No iba a soportar la culpa de no despedirme, según ella. Decía que me negaba a enterrarlo.

Pobre vieja. Amén de que es mala, me da algo de pena..Enterró al hijo. Le perdono todo. Mi duelo había empezado hacía rato. Mi conciencia está en calma. Desde que tengo uso de razón (probablemente desde la muerte del Chechi), a mi papá le demostré mi amor todos los días. Aún cuando peleábamos porque no soportaba que no fuera de boca. Todas las noches cortábamos el teléfono con un “muaaaaak” y un “tkm”. Dos días antes de irse, en medio de la confusión mental típica de un moribundo (me confundió unos minutos con mi tía), me agarró la mano, se la puso en el pecho y me dijo “te quiero mucho hijita”. “Yo también papito”, contesté.

Y nunca más lo vi. Siempre me esfuerzo para repetir su voz y su risa en mi cabeza. Todo es un trabajo. Y un aprendizaje. Cuidar al otro. Enmendar un error. Pedir perdón. No ser orgulloso. Compartir tiempo. Respetar. Querer desde el disenso. Vincular es laborioso. Para mí, es lo que le da gustito a la vida. Vínculos. Otros y yo. Yo y el otro.

Mi mamá, en su adorable locurita cotidiana, es el ser más sabio que conozco. Es pragmática en lo vincular. Quiere a pocos. Pero quiere fuerte. Me hizo libre. Me deja equivocarme, aunque le pudre saber que también va a tener que soportar de rebote las consecuencias.

Todas las noches me ocupo de recordarle cuánto la quiero.

No sabés si hoy fue la última vez que viste a alguien. A tu conocido, a tu amigo, a tu viejo. A tu reflejo en el espejo. Vayamos a dormir sacando las palabras que pesan en la panza, que atoran la garganta. Que urgen salir del corazón. Cuidemos los gestos y las palabras. Todo incide en los otros. Aún cuando pensamos que lo decimos con liviandad. Las palabras pueden ser caricias o espadas. Hay que hacerse cargo.

Vayamos a dormir tranquilos, recordando que “a las personas hay que tratarlas bien en vida, no solo llorarlas en el cajón”.

¡Gracias má!

Te amo infinito.

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Emilce Muriel Gandó.
Publicado en e-Stories.org el 23.02.2018.

 

Comentarios de nuestros lectores (0)


Tu comentario

¡A nuestros autores y a e-Stories.org les gustaría saber tu opinión! ¡Pero por favor, te pedimos que comentes el relato corto o poema sin insultar personalmente a nuestros autores!

Por favor elige

Post anterior Post siguiente

¿Este novel/poem viola la ley o el reglamento de publicación de e-Stories.org?
¡Por favor, infórmanos!

Author: Changes could be made in our members-area!

Mas de"Recuerdos" (Relatos Cortos)

Otras obras de Emilce Muriel Gandó

Did you like it?
Please have a look at:

La ignorancia también es una enfermedad - Emilce Muriel Gandó (Vida)
Pushing It - William Vaudrain (General)