Karl Wiener

Los tres hermanos

 
     Era un hombre que tenía tres hijos. Cuando se había envejecido llamó a ellos y habló: „Id afuera en el mundo y buscad la vuestra propia vía a la fortuna, por que no había podido enseñaros todas las cosas que necesitáis por estar feliz. Aprenderéis muchas cosas de la vida, pero acordados de quando in quando de vuestro padre que ama a vosotros  de la misma manera”.
     Los tres hermanos accedieron a la domanda del padre. Hicieron las mochilas, ataron los zapatos y cortaron bastónes de caminar de un arbusto de avellana. Entonces pedieron la bendícion al padre, prometieron de ayudarse mutualmente y se pusieron en camino. Llegado al cruce de los caminos estudiaron los destinos indicados en los indicadores. La vía a la fortuna no era indicada. Consultaron la dirección apto para seguir pero no podían convenir. Por eso se separaron finalmente y  partieron para puntos cardinales diferentes.
     Los hermanos estaban en camino durante muchos años. En el viaje largo cada uno de ellos había llegado en regiones  muy diferentes.  Muchas veces la lluvia había recalado sus vestidos , pero el viento los había secado una y otra vez. Bebían de fuentes y comían setas y bayas. A veces pero los hermanos habían sido invitados por la gente nativa. En esta ocasión los hombres escuchaban atentamente las aventuras de los hermanos. Así los oyentes oíaban también del padre que había mandado a los hermanos en viaje mundial. Aunque a veces había castigado a ellos, en el recuerdo de los hermanos el padre parecía amable y elogiaban efusivamente a él. Con el tiempo su reputación  crecía en esferas más altas.
     Las costumbres de los hombres en los países diferentes donde los hermanos estaban eran muy distintos. Con el tiempo los hermanos se habían acomodado a estas costumbres .  Estaban sentados a las chimeneas de sus anfitriones y informaban, cada uno de su modo, sobre los acontecimientos que habían sucedido a la casa del padre y en su camino buscando la fortuna. Uno alzó los brazos al cielo para pedir la bendición al padre, el otro se arrodilló y juntaba rezando las manos  y el tercero tocaba su cabeza a la terra como seña de respeto.
     Dentro de poco las pequeñas casillas no tenían cabida bastante para la crecendo cuadrilla de oyentes. Se edeficaron templos, donde los hombres se encontraban para escuchar los cuentos de los hermanos. Por que éstos no podían ser presentes al mismo tiempo en todos los templos, cada uno por su parte escribió un libro para registrar sus consejos y conocimientos. Desde ahora los sabios del país leyeron de estos libros. En los países diversos pero se hablaban idiomas diferentes. Por eso no podía ninguno comparar los argumentos de los libros. Dudando que de los hermanos hubiera descubrido la vía auténtica a la fortuna, los hombres se cayeron en conflicto.
     El padre sentió del conflicto. Era un hombre sagaz y sabía todos las lenguas del mundo.  Cuando había leido los libros de sus hijos, notó inmediatamente que los argumentos eran diferente solamente por las apuntaciones decorativas, de que los hermanos se habían servido para hacer comprensible sus ideas. Mandió de mansajeros para llamar sus hijos. Después de la separación por mucho tiempo cada uno de los hermanos quiso informar en que modo había descubrido su suerte. El padre pero los pedió  callarse. Entonces él mismo contó un cuento sobre la busca de la fortuna. Los hermanos escuchaban atentamente y estaban muy alegrados. Cada uno de ellos creía de oír su propio cuento. No percibieron que el padre había contado solamente lo que concordaba en los argumentos de los tres libros y no había mencionado todas las decoraciónes amplias. Al fin adicionó: “No os olvidéis, que vuestra fortuna tendrá solamente de duración, si no se funda en el infortunio de los otros”. Cuando confió también su ardid, los hermanos reconocieron, que hay solamente una vía común a la fortuna.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Karl Wiener.
Publicado en e-Stories.org el 03.03.2008.

 

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