Alex Giménez

La rotonda


No quería pensar que el tiempo pasaba y quedaba irremediablemente fuera de mi alcance, pero sin duda así era. Aquella mañana me desperté sin ninguna otra misión que volver a dejar pasar otro día en aquella maldita oficina, aquella oficina que debería tener un cartel en la puerta en la que se pudiera leer “cementerio”. Eso es lo que era, un auténtico cementerio lleno de muertos vivientes. Algunos ya llevaban tiempo muertos pero no lo sabían, otros acaban de morir sin darse cuenta y la mayoría teníamos la muerte en los talones, era solo cuestión de tiempo.
Me preguntaba cuánta gente se sentiría igual en todo el mundo, rodeado de muertos vivientes en oficinas en las que deberían de haber carteles en sus puertas anunciando lo que eran.
No dejaba de darle vueltas al asunto cuando de pronto recibí la llamada del jefe avisándome de que alguien había aparcado detrás de él y no podía salir. Fue una época en la que estaban de obras y apenas había un hueco para los que llegaban a partir de la diez. No me importaba una puta mierda que no pudiera salir y sin pensarlo dos veces se lo dije directamente. Entonces me dijo que ya hablaríamos luego pero yo no le dí la oportunidad. Me levanté después de colgar y me dirigí hacía mi moto Yamaha modelo MT del 2007 y salí disparado como una bala abandonando aquel cementerio antes de morir yo también.
No me había sentido más libre y satisfecho en toda mi vida. Pensé en toda la gente que debería hacer lo mismo, aquella sensación era impagable. Y entonces cuando apenas llevaba medio kilómetro de libertad y a toda velocidad, en una de las muchas rotondas que tanto se habían puesto de moda los últimos años, un camión salió de la nada y me embistió de tal manera que no quedó nada de mí. Pasó por encima mío y de mi moto dejándonos convertidos en un amasijo de hierro, huesos, carne, gasolina y sangre, mucha sangre.
Todo pasó tan rápido, fue brutal. En aquella rotonda di con mi muerte cuando precisamente escapaba de ella. Pero no podía saberlo, la vida (o mejor dicho la muerte) es así.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Alex Giménez.
Publicado en e-Stories.org el 04.03.2010.

 

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