Enrique Núñez Barboza

Le temo a la oscuridad

 
Hoy te quería escribir para hablarte de mis temores.
Verás; es común ver niños
con temor a bajarse de sus camas,
poner los pies en el frío suelo de su cuarto
durante una oscura noche.
 
O temblar de terror
ante una figura
que misteriosamente les mira desde las sombras.
 
A pesar de todo,
es común de igual forma
ver como todos esos miedos desaparecen,
se olviden durante la valiente adolescencia.
 
Aún así,
es posible que algunos miedos persigan
o en el peor de los casos
que se reproduzcan
en nuevos y más fuertes miedos.
 
Nadie me había hablado de esto,
yo solo lo aprendí.
 
Descubrí hace algún tiempo
que le temo a la oscuridad.
 
Te preguntarás que sucedió.
Como pude haber vivido en la oscuridad
para luego temerle.
 
Creo que podría decir
que le temo a la oscuridad
desde el momento que te conocí.
 
Pero no te alarmes ni te preocupes...
En realidad no es tan malo después de todo.
 
Verás,
le temo a la oscuridad
porque es ella
quien no me deja verte en ocasiones,
 
Es por ella
por la que no puedo apreciar tu rostro
durante mis tristezas.
 
Es ella
quien me impide mirarte a los ojos,
y si hay algo en esta vida hay
que no quiero
es perderme un segundo de tus ojos.
 
Incluso -podría decir-
que trataría
en la medida de lo posible
de no pestañear
cuando estoy contigo,
y así no desaprovechar esos segundos del día.
 
Es un miedo infantil, lo se...
 
Pero dicen
que son los niños
quienes tienen los sentimientos más genuinos
o sinceros entre los humanos.
 
Es un miedo infantil, lo se...
 
Pero de igual forma
tengo alguien que no me deja en la oscuridad,
tengo un faro que me vigila siempre.
 
Tú alejas todo rastro de oscuridad,
mientras el niño dentro de mí,
duerme tranquilamente,
sin ninguna sombra que lo aceche.
 
Hoy te escribo
para que recuerdes lo que significas para mí
y además para contarte algo interesante acerca de los faros.
 
¿Sabes que de faro a faro, siempre se forma un camino?
 
Un camino
donde las partículas de luz se juntan
para hacer un puente aún más fuerte,
lejos de cualquier rastro de oscuridad.
 
Deja que sea yo tu faro,
para devolverte el favor,
déjame borrar toda oscura sombra
que te aceche
y calme a tu niña en llanto
durante su más oscura noche.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Enrique Núñez Barboza.
Publicado en e-Stories.org el 06.04.2014.

 

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