Joel Fortunato Reyes Pérez

M.E.T.Á.S.T.A.S.I.S.

METÁSTASIS

Padece y se detiene la tarde. Es pálida, como
la piel del otoño en las hojas, y duele al verde
del verano : duele en los huesos, en el cuello,
en la memoria, en todo el aire y todo el suelo.
De repente, entre las ventanas opacas-- de un
vidrio en otros tiempos invisible, inmóvil por
años en la mirada y lento en los latidos-- salta
por la piel y destruye todo ; cuando se podía
amar el pasado, cuando se podía respirar al
oído.  Es un cielo sangrante, sangrante como 
una catarata, como si todas las puertas se 
hubiesen cerrado, con espinas y con cuchillos
hambrientos sobre la cama y las sillas.
Es el ayer, lo que ha pasado, lo que se repite
abriendo heridas más profundas.
Por más que cambie el presente, por más 
ropajes fabricados, eso persiste en las paredes,
entre los techos, bajo el suelo.  Se puede ver,
se puede escuchar el humo con párpados y
manos encontrando el abismo sobre el asfalto,
entre las grietas : se pueden sacar grutas bajo 
la piel húmeda encontrando la sangre coagulada, 
seca, negra, amarillenta que es, y sigue tan 
completa al cerrar las cortinas, está tan fría, solo
entre cada uno y ningún otro, que el recuerdo
mismo es una aguja y duele toda la vida.

++++++

Tenía miedo a morir, este cuerpo, esta voz...
¿ Serían los mismos que habían soñado, qué
habían jugado con la lluvia, con la esperanza
en las pestañas ?.
El callaba la boca seca. Una lágrima y un sollozo
eran lagos congelados y turbios, tan concretos,
que rememoraban crueles toda la angustia y el
estruendo que puede reptar sobre la tierra.
Aquella mujer tenía gracia. Caminaba lenta y 
tierna, sus caderas no eran violentas, tenían solidez
cálida, hechas de comprensión, de ágiles curvaturas
y suaves movimientos.
Su mirada tenía voz, hablaba con sus pupilas y tejía
sus palabras en crípticos diálogos a veces, no era
lo común en tiempos espesos como en las esquinas
y las casas.  Pero ahora, ¡ qué desgarradora era la
música, entre el tétrico silencio y el deseo de no
haber nacido !.  No obstante, estaba ahí, fragmentada,
confusa y ahogada en el interior de cada vena.
Pálida, sudorosa y muda, atrapada bajo la piel de
vidrios y tinieblas, como si apareciese disgregada
en un pozo sin final.  Encadenada ahí, inmóvil en
la obscuridad absoluta. 
¿ Qué atrocidad piadosa se desprendía de las
angelicales alas caídas y anudaba sus pesadillas ?.
Estaba disuelta en cada lágrima, vacía dentro del
peor abandono, indefensa, desarmada en la soledad
más dolorosa.  Sus vínculos con el  cielo y la esperanza
estaban rotos, limados, eliminados de raíz.

                              ++++++                                

Había perdido el aliento, había bebido el sufrimiento
más amargo, el tiempo y el espacio perdieron su
sentido, cualquier luz era más obscura, más allá del frío ;
el simple caminar era una desgracia.  Ella dejó de ser,
de existir bajo la ropa, dentro de cada hueso, gris inerte,
sentada en el piso la mirada sin brillo, mientras él, allá
lastimero, se ocupaba en tratar de entender lo imposible,
lo incomprensible, el infinito de la noche del alma, la 
eternidad simple. La sinrazón de todo lo pasado.
Con solo cerrar los ojos aparecía sonriendo, y su voz
mecía el sabor del aire, del aroma en la cocina, en la
recámara y el patio sus pasos escuchaba.
Ahora el silencio helaba, ¿ a dónde lleva la fe perdida,
lo celeste desconocido, lo sagrado yerto, ingrato y
perforado ?... ¿ Qué fuerzas tenebrosas y que laberintos
se tejen bajo la cabellera de la existencia ?.
¡ Todo aquéllo había estallado, un mundo amable, un
suelo más firme, más fértil, un sueño posible, respirable,
armonioso !. Con la paz en los zapatos y el pecho...
Inesperado, intempestivo.  El aire era fresco, la brisa
clara.  Las sonrisas puras y el palpitar alegre...
¿ Cuándo dejó de ser, y cómo ?.  Aunque ¿ quién se
puede atrever a decirlo, a expresar el profundo 
desconsuelo, y qué en algún sitio la esperanza esté
viva, segura, sin mancha, más allá de la soledad, del
otro laado del llanto.
 
++++++

El hielo comienza a elevarse, el humo es pesado y espeso,
los techos arden, las ventanas son puertas al abismo, y
usted se ahoga, oye los disparos, tiembla, el vacío se
apodera del vientre. La cabeza da vueltas, duele.
Paredes, sillas, mesa, vasos, platos, ropa, juguetes, todo
huele a muerte, la calle es un inmenso túnel, todo obscurece.
Usted es un manojo de nervios, se enreda, tropieza, no sabe
que hacer.  Luego el asco la cubre las ideas, los cuerpos
deshechos, la sangre gotea, corre, se seca, huele a olvido
impotente, sus manos perdieron el aplomo, está desarmado.
Pasan los meses y los recuerdos son inevitables, el olvido
se compra, se fuerza, se le ignora en mil formas distintas,
pero de cualquier modo, no produce mayores cambios en
la intimidad genuina, verdaderamente consciente, con la
sensibilidad en el alma y la memoria...
Los vestigios de un mundo aniquilado flotan en el tiempo, 
en el aire, en el agua de cada lágrima seca, en las sonrisas
perdidas.  Inopinadamente surgen las ausencias sin nombre,
y los huecos petrifican el aliento, las imágenes sangran de
nuevo.  La represión se disimula aberrante, se insiste en las
apariencias de fiesta, de espectáculos distractores, de
negar el desastre... ¡ La consciencia podrida !... Es la metástasis.

 

                                                                                                                                                      Autor :  JOEL FORTUNATO REYES PEREZ

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Joel Fortunato Reyes Pérez.
Publicado en e-Stories.org el 20.06.2014.

 

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