Sebastian Naranjo

Amor prohibido.

¿Algún día le escribiré a la alegría?
Porque es que uno suele acordarse siempre de lo malo, si es que realmente hay algo a lo que se le pueda determinar “malo”. Todo, absolutamente todo, enseña y enseñar no es malo.
Pero en fin, yo me disponía a hablar de la alegría, y no me sale, debe ser por esa relación tan amena que hay entre nosotros. Ella entra y sale de mi vida de diferentes formas, a diferentes horas, en diferentes voces… aunque me encanta escucharla en los gemidos, son como la celebración de dos cuerpos que descubren que encajan perfectamente el uno en el otro. Amo los gemidos, pero odio recordarlos en ausencia de ese cuerpo que solía cantármelos al oído de manera armónica, llenándome cuerpo y alma de melodía; Aún recuerdo cuando mi cuerpo se bañaba en sudor, mi ceño se fruncía, mis manos acariciaban con brusquedad todo su cuerpo. Yo metía su sexo en mi boca, llenándolo de placer con movimientos de arriba abajo; sentía su sexo palpitar dentro de mi boca… que placentero era poder sentir su cuerpo retorcerse por las hazañas de estos labios aventureros. Volteé su cuerpo con fuerza pasional, ahora mis labios acariciaban sus 2 montañas más hermosas, aún puedo recordar su textura, extremadamente suave. Mi cuerpo deseaba estar dentro suyo, para ello, mi lengua humedecía el rincón más obscuro de su cuerpo. Y sí, su cuerpo se dispuso a recibir al mío. Le penetre con un cariño inmenso, empecé a navegar en su interior. Mientras sus gemidos armonizaban el ambiente mis labios besaban los suyos, agradeciéndoles ese contacto tan sublime. Dejé mi semilla en su interior, pero nuestros cuerpos no pueden reproducirse entre ellos, ese si debe ser el castigo de dios por estos amores “prohibidos”, el no poder ver mi fruto en ese cuerpo, criado con la severidad de esa alma a la cual amo.
Al parecer, acabo de tener un orgasmo textual. Ah, y de escribir un texto sin mucho sentido, pero con mucho sentimiento.

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Sebastian Naranjo.
Publicado en e-Stories.org el 03.07.2014.

 

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