Maria Aparicio

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11 de mayo de 2015,

Aunque deseara que hubiera sido evitable, no lo ha sido.

El dolor del engaño y del desamor llegó, sin avisar. O a lo mejor sí avisó y quise ignorarlo y postergar lo inevitable.

Esta experiencia que, todos a mí alrededor me dicen que pasará y que me hará más fuerte, es hoy por hoy lo que me arrastra a la agonía, al malestar, al no querer seguir adelante. Ni siquiera el instinto de preservación está activo, sigo sin apetito.

Ayer, al término de la misa, sentí que me desvanecía, antes le suplicaba a Dios que me fortaleciera, que me abrazara con ternura y que sanara mi corazón. Que lo reconstruyera lo que ha quedado. Algún día probablemente vuelva a enamorarme… Sí, vuelva a enamorarme. Palabras que ahora incluso puedo escribir y que hace dos días, me herían escucharlas. Eso hace el tiempo, hace que lo que te hiere deje de hacerlo.

Continuamente, me atormenta el descifrar qué pasó. Imagino que es normal hacer eso. Querer razonar los hechos, esa realidad, que duele tanto. Encontrar una respuesta lógica. A mi parecer, debe haberla. Es mi manera de cerrar ese capítulo. A lo mejor nunca sabré cuál es la respuesta correcta a qué pasó.

Sin embargo, no he pasado ese proceso investigativo. Recuerdo mis fallos y los de él. Por momentos, creo que todo fue mi culpa, otros que fue él y otros, que fuimos ambos. Esta última, hace que sobresalga otro cuestionamiento, quién falló más.

Algún día recordaré esta etapa y sabré que no era necesario sufrir, ni pensar tanto al respecto. Ese día deberá llegar, deberá llegar.

Siento un vacío dentro de mí. Jamás creí que habría otro hombre en mi vida, pues para mí él sería el último que probarían mis labios. Pero ahora, ante mi realidad, sé que muy probablemente lo habrá. Para mí, él representó y representa hoy por hoy mi único amor. Quería compartir todas mis etapas, amiga, amante, esposa, madre, abuela. Debo aceptar que no me quiere más en su vida. Que lo que sintió por mí se esfumó. Se fue para no volver jamás. Quiero que sea feliz. A pesar de cómo sucedió todo, de sus decisiones, no puedo odiarlo. No puedo guardarle rencor, así es lo que lo amo.

Deseo que alcance todos sus sueños y también espero que cambie algunos aspectos de su personalidad que sé no lo dejarán ser feliz sino rompe con ellos. Hablo más que nunca con Dios, que me ayude a superar esto, así también con otra personita que está arriba supervisándome, por mi aún vinculación a él. Seguiré vinculada a él hasta que deje de amarlo.

Hoy, 11 de mayo, aún lo amo.
 
 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Maria Aparicio.
Publicado en e-Stories.org el 03.06.2015.

 

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