Javier Aldeabaran

Como decirte

Ya no se que hacer, no sé si hablarte, si estorbo, o si todo eso ahonda en que estés dentro de ese bucle. Al final acabo intentando decirte cosas pero hablando de tonterías. Palabras vacías para rellenar que me hacen sentir más idiota aun.

Pero lo que realmente quiero es saber cómo estás. Qué te pasa. Qué piensas. Estoy preocupado por ti. No sé si preguntarte a diario, si callarme ... o si presentarme allí un fin de semana y mirarte a los ojos. Esa mirada que los a dos nos devuelve a lo que somos, a sentir, a soñar, a no poder engañar. Nuestros ojos son transparentes para el otro, y los dos lo sabemos. A mí me hipnotizas y sé que te pasa algo parecido, te lo noto cuando no quieres que vea tus pensamientos. Entonces bajas la cabeza y te muerdes el labio. Ese gesto mecánico que repites con los nervios. No, no busques que ya no hay piercing. Pero a mí me provoca una sonrisa de ternura. Y es cuando la fase de hipnosis pasa a su estado profundo. Ahí deja de existir el mundo y solo estamos tu y yo. Y vuelvo a sentirme persona, a sentirme humano, vuelvo a sentir y a querer. A no pensar más que en esos ojos, en esos labios, en esa cara de muñeca. "La perfección no existe" ha sido uno de mis lemas, pero tú estás tan cerca de ella. Bella, tan bella en el sentido literal de la palabra: "Que, por la perfección de sus formas, complace a la vista o al oído y, por ext., al espíritu". Complaces y llenas mi vista, mi oido, mi espíritu... y mi alma cuando detrás de esa mirada se acercan tus labios.

Un día voy a dar a enviar a esto que tantas veces he escrito y por miedo no te mando. No sé. No se cómo acercarme a ti sin avergonzarme de todo lo que he hecho hasta ahora. Si me quitara esta carga que tengo en mi conciencia, desde el principio. No fui bueno, y me perdonaste. Ofrecí mi mejilla para tu venganza y depositaste un beso. Te dejé libre, volaste y volviste. He hecho tantas cosas mal, que mi alma tiene una sombra que no me permite creer que te haría feliz, y aunque no se si es comodidad o cobardía, aún no se como ir a por ti. Porque tu eres la felicidad.

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Javier Aldeabaran.
Publicado en e-Stories.org el 29.03.2017.

 

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