Joel Fortunato Reyes Pérez

CON EL SOBERBIO SOBORNO... (((Neosurrealista)))

CON EL SOBERBIO SOBORNO
(((Neosurrealista)))


Pasando por él la tierra inmóvil,  ve como la calle por el sol muere
olvidando marcar, las sombras a su paso, donde el agua se evapora,
y una manzana ríe de pena, al caminar una escoba y renovarse las hojas
con que me abrigo,en periódicos agrios,
y te abrigo con la última nieve del fuego.

Pues es dado que cae, cargado,  de cielo en cielo,
el país de encuentros en su pólvora,
y el país bajo cualquier volcán sin sueño,
convertido, a veces,
en el silencio de la piedra, en el grito de un algodón,
pues no hay salida fuera de sí mismo,
ni zapatos en la estufa,
es un hotel costero, de botes con botas abandonado.


Donde todas las puertas se hacen hilos y nos llevan hasta el mar,
atrapado en la punta de un cabello, sin caballo,
en el primer peine del vidrio.
Y se merma así el caudal, en la máquina de vapor envuelto en dulces,
memorias debajo del olvido de un escarabajo,
que viene a reponer al hombre en su trabajo, arenas movedizas,
aceite y navajas, días y noches, por el forro de los nimbos.


Ya cada cantar, es torre de Babel, en la piel de las orugas,
al perderse en línea recta, el especial triángulo del durazno en su almíbar.
Y en la que busco, una carreta, una pluma de pescado, en calcetines
.

Sólo encontraré al bosque entero, ya lo sé,
con la sangre del tiempo,
y el pulso hecho teléfonos inquietos,
que devoran las ingenuidades con gusto,
y el latido secreto del cerebro,
en los sótanos con su fuerza.


Los gusanos se hacen árboles de la noche a la mañana,
y los libros  perecen de ansia después de las letras,
escondidas en la tormenta.
Debo estar sana de pies a cabeza, dice la mano en el techo,
donde una paloma está en huelga,
por  tener dorados rayos en la sangre,
y una violeta en la puerta tras la puerta,
donde la gasolina es más barata, con la que enroca
un humilde rey marmóreo, de vidrio silencioso,
que quiere terminar, sin polvo, ni sales,
entre los talones del juego,
de lo que reposa o se alza.


El hilo de luz sólida, crea una transparencia en la lejanía,
en la mano que hace  alrededor del cuerpo nueces,
y  estremecido, el soldadito,
ahora oigo duro en el nuevo patio.
Allá donde el descenso de la rueda termina,
y desteje a los sueños el vestido del segundo,
que hace a los minutos en un año.


La luz se hace y forja con estruendo  la realidad, seca,
con hambre y frío,
y descubre de pronto que la fiesta,
está haciendo gestos a las almohadas.


Era casi imposible a las palabras de  aquel día,
callarlas con las ventanas cerradas,
y el timbre en el vientre de una tortuga, pues
grabaste en unas hojas, a los ojos que te fecundaron,
y se fueron ciegos al río de  frente.
Con la única camisa, por la noche, recomendando al camión,
cada hombre bueno, en las esquinas,
del último armadillo sin pintar.


¡Que queda, se ve la rapidez en las pantallas!.
Tanto, que te hace llorar hasta el fondo, en un dedo de ignorancia,
que crucificó al respeto con la primera arcilla,
que le sacó la lengua, y la inteligencia le secó el saco,
por estar la coliflor esperando ser clavel.
Nadie puede un río imaginar, con el trampolín,
entre las uñas sucias,
a dos seres tan frágiles,
con la mente de un ladrillo,
con el fulgor que había, como una hebra invisible,
en la hembra de un deseo capilar,
que quiere sentir varios centímetros de felicidad,
en el metal que deja calvo al yeso, y nada sabe,
del bastón por el mango entre ciruelas,
porque la cereza confunde con el membrillo,
y una pera hace al nogal con su tela.


De no tener más freno que la muerte,
el cuervo volará con las ranas.
Por ser tan raramente humano, como para decir,
claramente que es ahí donde hay mil contracciones,
en menos que canta un gallo,
y donde poner los ojos, adornando las rodillas,
para no perder el rumbo, y las distancias sean menos espesas,
cuando se  moja bajo la lluvia, un litro de leche tibia.
Ni cuando, se convierte el carbón en diamante blando,
en una brizna de hierba seca,
quemada por el sol, en las calles,
al encontrarse hechicero,
tanto la sábana como el sudor del aliento.
Así alondrare los días, el busto que viene y se va péndulo.
Pues las leyendas que escuchaste, son verdades que
sollozan por la razón perdida, de las pastillas de plastilina.

*********
 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Joel Fortunato Reyes Pérez.
Publicado en e-Stories.org el 07.12.2018.

 

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