Jona Umaes

Mensaje en una botella

Querido Julio,

Bueno, realmente no sé cómo te llamas, pero te llamaré así si no te importa. Lo de “Querido” es un decir, no te lo vayas a creer tan pronto, ji, ji. Hace poco que descubrí en el universo de internet esta página web y me entró curiosidad. Me llamo Claudia y vivo en una aldea perdida en la provincia de Guadalajara. Aquí no hay apenas cobertura para los móviles. Tan solo llega la señal de una compañía de cuyo nombre no voy a acordarme para no hacerle publicidad, que bastante hace ya y seguro que te imaginas cual es.

Como te iba diciendo, encontré esta web (a veces me sorprende el vocabulario tecnológico de esta humilde pueblerina), y me pareció romántica la idea de mandar un mensaje en una botella a este vasto océano que es internet. ¿Me estás escuchando? Que te veo con la mirada perdida ¡Mal empezamos! Pues eso, mmm, ¡ya se me ha ido lo que iba a decir! Ah, ¡sí!, que se me ocurrió escribir a alguien anónimo y ver qué ocurría. Espero que seas chico, que yo soy una chica formal y quiero formar una familia en condiciones, con hijos de mi sangre y que se me parezcan. Bueno, un poco a ti también, que luego no vayan con habladurías de si las criaturas tienen un aire a tal o cual vecino.

Soy una chica sencilla. Como te dije, vivo en un pequeño pueblo, no en una aldea como te indique antes. Eso era para darle un toque más romántico y que siguieras leyendo. Ya que has llegado a esta línea, continúa leyendo, ¡que no me gusta perder el tiempo! Perdón, tengo un poquito de carácter, pero nada extremo. No te preocupes. Mi pueblo es el más bonito que jamás hayas visto. Está todo hecho de piedra. Pero todo, todo. Las calles, las paredes de las casas y hasta los tejados. Utilizamos lajas de oscura pizarra. Tan solo parte de la cubierta de la iglesia tiene tejas. Pero no lo tengas en cuenta. Es un pequeño parche insignificante. El aire es limpio y puro como en ningún otro sitio. Aquí derrochamos salud y si vienes, en unos días se te limpian los pulmones y te quedas como nuevo. No puede ser de otra forma si vamos a casarnos, porque tú no fumas, ¿verdad? Claro que no fumas, ¡faltaría más!

El pueblo apenas si tiene una veintena de casas. Puedes recorrer sus calles en apenas diez minutos. Pero, ¡qué calles! Nunca verás un lugar como este. Las fachadas de las casas se adornan de grandes plantas que estallan en flores de mil colores, y si el verdor de algunas cubre los frontales de las viviendas, otras arropan la casa desde lo alto hasta rozar el suelo. La plaza del pueblo es abierta y de lo más sobrio que puedas ver. En el centro hay una sencilla fuente de dos caños, por supuesto de piedra, que forma una graciosa figura circular con una pequeña casita de donde emana un agua siempre fresca y clara. Ni en verano puedes beber ese agua rápido si no quieres tener molestia en la garganta. Las flores lucen grandes y vigorosas, de colores intensos. Macetas hay por doquier: en el suelo, en ventanas y balcones enrejados, en las puertas de las casas… y para ir al campo sólo tienes que rodear las viviendas, porque el lugar no tiene más extensión. El piso del pueblo es como una gran piel de leopardo monocroma, de enormes lajas, que recorren toda el área de la población.

Quizás vivas en una gran ciudad, donde cualquiera de sus barriadas es más grande que este paraíso. Yo estuve una vez en Guadalajara. Es la única ciudad que conozco y me pareció inmensa en comparación. No quiero ni pensar cómo será Madrid. La he visto en fotos, pero las imágenes engañan y no es lo mismo que estar allí en realidad. Aquí hay muchas cosas que ver en la sierra. Los paisajes son muy bonitos y no conocemos la contaminación. Se respira una paz que en pocos sitios podrás encontrar. Vente y te lo enseño. Me lo conozco todo como la palma de mi mano.

Ahora que lo pienso, no sé cuándo leerás estas líneas. A saber dónde llegará esta botella. Quizás seas del Nepal. Mmm, no sé, no sé. Utiliza Google Traductor, que no vas a entender ni papa. ¡No me seas zoquete! De todas formas, los ojos rasgados no me van mucho. Si fuera así, no tendrías más remedio que operártelos. Lo siento mucho, pero aquí te mirarían raro. ¡Ni peros, ni peras! Te operas y punto. Perdona, a veces me apasiono y no soy dueña de mí. Por otro lado, eso tiene su lado bueno en otros asuntos, ji, ji. Y si no fueras del Nepal, ¿de dónde serías? A ver, a ver… de ¿África? ¿Negro? No, no. ¡Por ahí no paso! Eso sí que no tiene remedio. Mira cómo se quedó el pobre Michael Jackson, que parecía que vivía en susto permanente con aquel blanco tan raro que lucía. Si le hubieran echado un cubo de pintura blanca por encima hubiera quedado mejor. Si eres “de color” (no he querido ofenderte con lo de negro), por favor, lanza de nuevo la botella a internet. Sin rencor, ¿vale?

La verdad es que yo preferiría un español de pura cepa, si no es mucho pedir. Pero la cosa no está para exigencias, así que, que sea lo que Dios quiera.

Quisiera poner una foto. El otro día me hice una. Mi madre me dice que estoy muy guapa, aunque el vestido me aprieta un poco de arriba. A los hombres se os pesca por la vista, aunque al final os demos la puntilla con el atractivo personal, cada cual el suyo, eso sí. Bueno, pues ya estoy cansada de escribir. Lo de la foto no va a poder ser. Échale imaginación.

¡Ah! y no tardes en venir, ¡que no me gusta perder el tiempo!

 

P.D. Se me olvidaba. Te espero en Valverde de los Arroyos ;-)

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Jona Umaes.
Publicado en e-Stories.org el 21.03.2020.

 

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