Maria Teresa Aláez García

¿Por qué?

¿Por qué? ¿Por qué?

Tus dedos tejen palabras de cristal que se hacen añicos sólo con leerlas.

Las esquirlas apuntan a mi diana cerebral y se lanzan a la carrera.

Las sombras tienen colores y se empeñan en agrietar mi cuerpo calloso, profundo y dormido.

Y también en desolar mis sentimientos y en pulverizarlos en hosco cenizo.

 

Dime la razón.

Pretendo que desaparezcas del todo de mi conocimiento y de mi conciencia.

Tienes tu vida. Tus horas de hastío, miedo, desolación y cansancio acabaron.

Horas que pretendí hacer mías. Horas de compañía en la noche, de luz falsa.

Tiempo de marrones horas, de grises silencios y de azules risas.

 

Dame un argumento.

Pretendí, sin permiso, tomar contigo tu pequeña taza de café caliente.

Sentir tus dedos suaves desordenar la  tranquilidad de la porcelana.

Degustar en tus labios el sabor de la amargura de tus lágrimas .

Acariciar tus ojos y liberarlos del peso de las horas de insomnio.

Quise ser la lluvia que abrigara tu cuerpo en las horas sin acuerdo.

Imaginé ser el aire que limpiara tu corazón de pena y lo llenara de vida.

Me ofrecí a ser el muñeco que recibiera tus palos y el saco de boxeo de tus golpes.

Te mostré los caminos libres de las piedras de la ignorancia y del desaliento.

 

Explícamelo.

Si no te hago falta, por qué sigues llamando a mis sombras verdes.

Si me has despreciado porque tu razón no entiende ni vuela conmigo

Por qué continúas estando a este lado buscando un alivio.

Será que requieres tener en tu vital batalla el mismo enemigo.

 

Aclara el motivo.

Y si no puedes porque sólo quieres probar a hacer pulsos prohibidos,

Si sólo deseas seguir la pelea de idiotas que un dia ya nos propusimos,

Si únicamente te miras  en ti y en tus lienzos réprobos de amargo optimismo.

Si soy tu miseria, tu cruel realidad, tu odio, tus límites y tu yo dormido.

 

Dame una razón, sólo una por la cual sufrir esta noche por ti.

Y a pesar de que en tu camino tu vida su ascenso haya permitido

Y en mi pesar camino al infierno se ha decidido, el infierno que vivo,

Dame una razón para soportarlo.

Y entonces por ella, por esa razón,

Me quedo contigo.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Maria Teresa Aláez García.
Publicado en e-Stories.org el 29.12.2007.

 

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