Maria Teresa Aláez García

3:45

Ni siquiera sé cómo titularte esta noche.
 
 Mis compañías son mezquinas para unos y para otros son ideales.
 
 “Without you” en el corazón de Evans y Ham, dirigidas por los pulsos de sus muñecas, bailadas por sus dedos en un teclado con cara de póker y en una pizpireta guitarra y el verbo, lleno del calor y la tristeza de quien ve a alguien y desea decir algo que sabe que no puede o no debe decir.
 
 Historia del arte y la arquitectura. Hoy tenemos a Mondrian, a Höger, a Adlen, Sullivan, a mi amigo ” You tube” con todas las imágenes que nunca podré contemplar en directo, disfrutar con mis manos, acariciar con mi vista, callar en mis labios y conmemorar en mi memoria. La grandeza del hombre. Porque el hombre es grande en muchas cosas que nos son desconocidas y en su mayoría son inmensas. Pero es pequeño en otros detalles que parece que nos son más necesarios y que se agrandan más aún que la Estatua de la Libertad, el Chilehaus, la ciudad de Darmstadt, Viena o París. No se entiende la grandeza de los hombres en sus letras, en su música, en su ciencia –quizás sólo eso, en su ciencia porque es lo que tenemos más necesario y cercano – en sus obras. Las buenas. Las malas las conocemos todos y no hacemos nada, nada por resolverlas.  
 
Tengo que completar algunos escritos para colocar. También tengo varias tareas que finalizar y tengo que preparar cosas en casa, así como sobre mí misma. No sé por cuál decidirme. Sí, tengo prioridades pero durante un cuarto de hora no tengo ganas de seguirlas. Pasado este cuarto de hora, volveré a mi sitio.
 
 Tenía pensado escribir sobre dos cosas. Una, sobre cómo el cuerpo nos va acercando y preparando para el viaje a otro sitio que nos empeñamos en descubrir pero que desconocemos. Y otra, una serie de imágenes que me encantan y me hubiera tocado sentir pero que ya nunca podré vivir. Quizás la prioridad de escribir sobre ambas cosas por separado me ha bloqueado la oportunidad de poder escribir sobre ellas juntas. Que es posible. Que igual puedo añadirlo aquí, pero las imágenes son bellas y no quiero que nada negativo las bloquee. Así que pasarán a otro lugar.
 
 Esto es un desahogo. Un momento dado. Siento más cosas, pienso en más cosas, hago muchísimas más cosas pero los prejuicios, las frustraciones de la gente, la ignorancia, la mezquindad, me obligan a no ponerlas. El por qué: no quiero ni provocar envidia ni provocar deshonestidad ni amargura ni dar a entender que soy prepotente ni pedante, ni nada. Me encantaría saber por qué estamos tan predispuestos antes de leer a una persona. A mí me gustaría que mis escritos no significaran más que lo que se lee en un momento dado. Me gustaría que la gente viniera con el alma blanca cada vez que fuera a leer un texto  y cada vez de una manera. Porque sé que mi manera de escribir provoca reacciones distintas en cada momento, según la predisposición  de la gente. Cuando alguien me dice: “Estabas enfadada al escribir esto”  o “estabas contenta”. No, es posible que no. Es posible que tuviera el alma rota y me saliera un bello poema de amor para poder cambiar todo el pozo en el que se convertía mi corazón o a lo mejor paseaba con mi familia tranquilamente cuando reconocí en una mujer cualquier la amargura o la pesadumbre que estaba viviendo en su casa sin que ella me dijera nada. O quizás estaba comprando y encontré unas manos que fueron usadas de diversos modos, sobre el mostrador. Unas manos que recibieron y dieron de distintas maneras y que tienen su historia grabada a pulso sobre su piel. O posiblemente, miré al cielo y vi recortadas las ramas de un árbol y tomé contacto con alguien que se había sentado a leer o a pensar en el mismo lugar que yo  y pude sentir como él o ella. Será cierto que el corazón y el espíritu de una persona que escribe es difícil… Será a lo mejor que podemos dar tres o cuatro o cien mil vueltas a una misma situación porque incluso podemos colocar los objetivos de nuestro cerebro en distintos lugares y enfocar de diversos modos lo que tenemos delante. Será que el vello de nuestra piel tiene algo de receptor - poquito – pero puede captar mucho más de lo que imaginamos y nuestro cerebro puede procesar incluso de modo desbordante eso que ha captado y procesado…
 
 Dentro de poco los científicos darán una ponderable y respetuosa respuesta a esto e imagino que incluso alguno ganará el premio Nobel y todo por algo que posiblemente, muchos escritores y poetas han reflejado una y otra vez en sus renglones.
 
 Me llegan las imágenes. Me llegan imágenes que hago mías.
 
 Me llegan las imágenes de alguien que desea recibir en sí mismo y que a su vez desea dar o ser compensado. Algunas de estas imágenes me llegan con tal fuerza que no soy capaz de apartarme y darme cuenta de que no soy yo o de que no es a mí. Me veo muchas veces como si fuera un aparato de ondas de radio o un radar, captando señales que aún no se conocen y traduciéndolas al papel. Sí es cierto que me encantaría vivir ciertas situaciones y que no serán posibles pero es lo que toca. Ya me tocó mi tiempo para realizar mis elecciones y si elegí mal, el único problema es mío. Lo malo son las consecuencias no previstas.
 
 Y este dolor… este dolor no hace más que recordarme mi realidad durante 45 años, durante 33 años, durante mi vida, me recuerda la fidelidad que debo a mi familia, me recuerda cuánto bagaje he de eliminar de mí y de lo que una sociedad errónea que se supone perfecta porque ha conseguido algunos logros, pocos y pequeños en comparación con todo lo que ha de solucionar, me ha introducido, a mí y a todos.
 
 Mientras yo escribo, mientras la gente lee, alguien sufre hambre, miedo o violencia. Alguien no sabe cómo llegará a dar a sus hijos de comer  y alguien teme la siguiente acometida de la justicia humana que sigue siendo errónea. Alguien llorará amargamente porque se siente dolido, alguien llorará por haber sido injusto con otra persona. Alguien sufrirá por escuchar un llanto que no puede apagar o por calmar un ansia que no le corresponde llenar. Alguien tramará una perversidad porque no tendrá otro remedio para salir de su desesperación o de compensar su vagancia o su ignorancia en lugar de hacerlo del modo conveniente. Alguien pagará su desesperación, su deseo o su psicopatía de modo injusto con un ser inocente, alguien acabará de un modo u otro confinado en un habitáculo para nunca más ver la luz, alguien será violentado de obra o de palabra; nadie hará nada por equilibrar y compensar vacíos, circunstancias, negligencias y el mundo, el planeta, los astros, siguen girando.

Pernelle. Mayte Alaez. 

 

 

 

 

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Maria Teresa Aláez García.
Publicado en e-Stories.org el 15.05.2008.

 

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