Alberto Diaz

El regreso


Hoy que mis labios sangran por última vez y cualquier lamento es apagado por la pasión de nuestro beso. Hoy que las lágrimas sólo demuestran lo inevitable de nuestro regreso, puedo concluir por ti y por mí que esta decisión fue, sin lugar a dudas, la más acertada aún cuando tú te niegues a hacerlo.
 
            Te he traído rosas y nuestro lecho se suaviza con los pétalos que arrancas en tu esfuerzo inútil de negar lo nuestro. A pesar de aquello te amo y valoro el odio que emana de tu cuerpo, garantizándome que estas  aún vivo y que la fuerza de tus sentimientos es equivalente al esfuerzo que he depositado en este regreso.
 
            La voz te ha abandonado, pero sigues presente en nuestro diálogo de amantes, creando así nuestra intimidad con mis ansias y tus gemidos que participan de nuestro juego. Mientras recojo uno de tus dedos me pregunto como será desposarte y sin dudarlo introduzco el anillo de tu madre, quien yace podrida en la planta baja de nuestro nido de amor; la pobre jamás entendió que tu única opción se encontraba a mi lado y que sólo los gusanos que carcomen sus entrañas comprenden el nivel de compromiso que ambos hemos depositado en este nuestro tan ansiado regreso.
 
            Aún recuerdo sus argumentos, palabras sucias y denigrantes que salían de su boca, blasfemando así la pureza de lo nuestro. ¿Cómo podría darle crédito a sus insinuaciones de que tu estabas con otro y de que lo nuestro no era normal, que no era sano?, ¿cómo podía permitir que tus labios, tu cuerpo, tu ser fuesen de otro sin ser sólo míos?; comprenderás que lo que hice fue por su propio beneficio, después de todo ella estaba equivocada y su odio solo infectaría nuestro paraíso.
 
            Me miras con rencor y aún así comprendes que era necesario alejarte de ella, alejarte de él…si… ÉL. Jamás comprendí tu mal gusto, pero creeme que te he perdonado por ello y el daño ya ha sido reparado. Hoy beberemos de su sangre, aún cuando la policía se acerca  a desbaratar lo que hemos retomado. Brindaremos, pues ni la muerte logrará detener este, nuestro gran regreso.     
 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Alberto Diaz.
Publicado en e-Stories.org el 26.05.2008.

 

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