Nadège Ango-Obiang

Môn (espagnol)

Era ya muy tarde. Llega en la tierra indígena que la noche sólo comienza a la paleta. Un niño en la noche. Puertas que crujen y como madera que agrieta. ¿El sueño es una búsqueda del tiempo moderno? Alargado sobre mi capa de corazón de bambú, cajón desnudo y agotado por un día que acosaba en bosque, no podía ya de los gritos y aullidos de este niño. Su padre había decidido probablemente terminar con él. Aquí bajo, donde solamente las leyes de las brisas hablando controlan, se desaconsejaba mezclarse de las palabrerías en la noche. Algún sea las razones. Mi mujer removió varias veces, luego termina por sentarse. Aumentó la claridad de la lámpara tormenta y dejó la cama. Inmediatamente yo me sentidos congelado, como si estaba cubierto con paños húmedos y restauro. Otros gritos nos llegaron. Manifiestamente otros campesinos habían elegido pasar además de la superstición. Chirrió la cama cuando a mi vuelta me rectifiqué y me renuncié a ir a observar a través de la ventana hecho de madera. A pesar, las tentativas de algunas personas para retirarle su tubo rojo, de un hombre de estatura media, afectaban sobre todas las partes del cuerpo de un niño de cerca de cinco años. Ya lo había visto hacer varias veces, pero a un horas más razonables. ¿Qué descarga nerviosa tiene t recibido para tomarse a un tan pequeño final de hombre a una hora imprudente? Yo tomado mi taparrabos y lo estableció en torno a mis riñones.

Cuando mi mujer y mí llegaron al centro del tribunal del pueblo, varias decenas de personas, por eso sumariamente equipados a quienes, asistían impotente de furia del padre que no tenía ya su tubo. Un hombre, bien más viejo que, se lo tenía por el cuello de la camisa de una mano y guardaba el tubo del otro. El padre no décolérait y no dejaba ojos son hijo haletant, agotado por los golpes y los sollozos. Sólo era vêtu de un calzoncillos que en casa a Bitam se llaman calzoncillos.
- ¿- A tâ, dzi na nâ? 2 le repetía el viejo hombre sin la liberación.
- ¡E dzome dzi 3! Se exclamaba el padre designando el infeliz niño. ¡E dzome dzi! Los demonios conquistaron el universo, allí `tiene más nada que hacer. Es estropeado. Esta cosa….
- ¡A môn4! Suspira una mujer en la muchedumbre.
- ¡Kâ! ¡Kâ! ¡Ma yebe ki! 5 se encabezamiento el padre.

La muchedumbre observa a su vez al niño y al padre. Un grito sacud la asistencia cuando una pequeña mujer, al tinte de noche intenta que tome al niño en sus brazos que suscitan la furia del padre.

¡- Te tengo digo ya no acercarlo! Grita t.
Pero si nos dijeras, sugirió el viejo que lo tenía siempre por la camisa. ¿A esta hora, por qué?

El padre desvía por fin los ojos del niño y la madre que se descartó y guarda la cabeza baja.
- Estaba con mi mujer, comencé t. Y… se tenía al pie de la cama… durante… él entró yo no sabe cómo. ¡Y mi mujer, aquélla… esta perra! Mi Dios, gritó, gritó como si su esposo lo sorprendía con un desconocido. Tiene para esta cosa un temor y un respeto que no tiene nunca tuvo para mi. ¡A tâ! ¡Él y' tiene algo en este cuerpo!
- Es un niño, protesta a un hombre en la muchedumbre. Es necesario que come y que se descansa.
El padre observa al hombre con ojos casi delirantes.
- No necesita eso para vigorizarse, replica t. ¡Le basta que maltrate la parte inferior de su madre para reaparecer… Cada día… más muy… deja el! ¡deje el!
Se vuelve hacia el viejo hombre como si era su último recurso.
- Al principio, siguió el padre con una voz febril. Pensaba que… quien era un pequeño niño como otros… que tenía dificultades a dormirse. ¡Pero cuando lo he observado bien, mientras que nos sorprendía en nuestra habitación, a tâ! Esta cosa estaba en erección y su observa no era el de un inocente.
- ¿Lo que hacer? Murmuró el viejo. ¡Es un niño, quizá que no sabe! Es necesario que vuelve a entrar….
- ¡No en casa! Protesta el padre.
- ¿Él y' tiene alguien que quiere bien albergar el pequeño para la noche? Pidió el viejo a la ronda.

Curiosamente pero sin sorpresa el círculo poco a poco se puestos a ampliarse, y en un silencio pesado, pequeños grupos se formaron para retroceder mejor lejos del niño y su familia. Mi mujer fijaba el suelo, firma que no quería proponerse hablar.
- Y ti Ona, dicho el viejo designándome. ¿Quieres bien ayudar a tu hermano por esta noche?
Esta intervención valido una nube de mirada y murmullos mi mujer se me puso raspadura el suelo del final de sus dedos del pie. Señal que quería decir no. Pero no podía decir no, se había percibido ç' como una traición y una cobardía. Hice un sí discreto de la cabeza.
- Duermo en tu hermana, para el resto de la noche, me susurro a mi esposa intentando ocultar su descontento.
- Pero no podría ocuparme de un niño, le dice.
Sabes, la verdad sale a veces en los gritos y las lágrimas. En casa los Negros-allí, sabes que se es muy receptivo a los espíritus vagabundos. Con todo el mal que los humanos hacen ahora sobre esta tierra usada el vagabundeo místico no asombra ya nadie. Este padre vio quizá la verdad. No quiero intentar al Diablo durmiendo bajo el mismo techo que este pequeño.

Antes de que haya podido responder se había alejado hacia un grupo de mujeres que se dirigía en su casa respectiva. Más tarde, en una calma vuelta de nuevo en los alrededores del pueblo, preparaba una cama de fortuna al niño sobre mi viejo sofá. Parecía muy enflaquecido, los ojos vítreos, de los rastros de lágrimas sobre sus mejillas. Yo de reconocerme que estaba impaciente. Cuando tengo de tomar su mano, tengo tressailli a pesar mío como bajo la influencia del informe oral de mi mujer. Por último, se durmió antes de que se tuviera apague las luces. Recuperaba mi cama pensando que durante todo el curso hasta mi casa el niño escalonaba más que él iba. ¿Su padre lo castigaba de otros malos tratos? Era corriente en casa bajar a un niño para volverlo más flexible. Pero no había nada que comer a la casa y el niño ya dormía. Me retiraba a mi taparrabos y me deslizaba bajo los paños aún más congelados que cuando los voy a dejar. Mi cabeza no tardó en volver, firma que este despertador brutal e improvisado no estaba del gusto de mi organismo. Los ojos clavados al límite máximo esperé con todo que el sueño me posee. Sentía mis piernas engourdis, con una sensación de flotación. Totalmente lentamente se puestos a echar mi cuerpo, luego mi cama, y yo me sentidos deslizarse en la ola cómoda de los sueños. Sin nada ver. Nada del conjunto. Con pesadez me daba la vuelta sobre el vientre, aunque algo en mi cabeza me encontró demasiado pesado, tuve la impresión de caer. Este sueño se asemejaba en verdad a una puesta en víspera. ¿Era necesario despertarme cuándo por fin mis paños me volvían el calor de mi cuerpo y que así alargar un parecido de descanso me reconfortaba por el momento? La cuestión y la respuesta a este lo que está en juego a nivel existencial se ocultaron cuando en mis manos de pequeñas manos se incrustaron. Yo podido que no rectificar mi cabeza como lo haría un cobra, el resto de mi cuerpo me no obedeciendo ya. Esta sensación de calor en mis paños emanaba de otro cuerpo sobre mi cuerpo. A pesar de mi parálisis, sentía el acero de la masculinidad, entre mis nalgas. El horror me controla cuando de mis ojos, las manos de niño desaparecieron en mi carne crucifiant la palma de mis manos sobre la cama. Gritó, yo pus la declaración. Por mi cuerpo, que mi vientre de vivo, de enfermo. Una gran respiración en la nuca fanfarroneaba de excitación. En la noche, el pénombre de la habitación, contra la pared él me parecido que la sombra crecía, se espesaba, invadía todo el espacio de la cama tomando apoyo dentro de mis brazos. Y mi espalda experimentaba el peso de esta metamorfosis de algo de impaciente, ante una última urgencia. Oía claramente el aullido que empujaba cuando sobre la pared, una cola se puso a agitarse de la criatura en muda. Y mi voz se rompió bajo la influencia de un violento dolor, en mi carne un miembro masculino se implicaba. Preso completamente vientre, esclavo de un animal en celo, el tanguement que me había paralizado se detuvo y del golpe todos mis sentidos me volvieron de nuevo que decuplican el dolor de la penetración en mis vísceras. Hennissement o vagido, mi cólera no pudo definirlo. Tendría mi desmayar cuando más tarde, como exaltado mi todo cuerpo fue sacud por la penetración frenética de esta cosa. Lágrimas me vinieron a los ojos, pensar más tarde me fue imposible, la llegada de la muerte era una certeza. Pero algo de frío y de viscoso me invade que alivia los efectos de la labranza en mis nalgas. La criatura parecía fundirse aún más en mi carne y oí claramente el gemido, el sello del niño conquistando. Luego repentinamente a pesar mío, bajo los asaltos violento de este miembro de acero, a mi cuerpo defendiendo, mis órganos sexuales se reflejaron a vibrar. De nuevo, fui controlado, por un placer que me dio miedo tanto él parecía tan violento. De nuevo, en esclavo yo me sujeto a este placer de los sentidos. Inconsciente, incoherente, mi carne se volvió exigente. Las primeras luces del alba me encontraron en lágrimas, no aún repu de este miembro extraño en mi carne, que las incidía, me violaban, me maltrataba, me moría de hambre de este placer nunca suficiente.

Me despertaba sobre mi cama, bien tarde. Mi mujer siempre no había vuelto a entrar. Mis paños se manchaban enteramente, no había soñado y no tenía cura. Era necesario que me preparo, que vaya a ver al padre del niño. Era aún muy joven y necesitaba su madre. Era completamente alucinando que un padre, bajo el efecto de unos celos lunáticos, decide atascar así juventud y el pasar a ser de un tan joven niño.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Nadège Ango-Obiang.
Publicado en e-Stories.org el 01.07.2008.

 

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