Maria Teresa Aláez García

No vuelven a florecer las rosas

No  vuelven a florecer ya las rosas.

No hay esperanza.

Los celindos permanecen austeros, callados, somnolientos.

La calle no tiene vida alguna. El gris se torna más violento, poderoso, conforme la tarde cae   y se lamenta en el silencio.

Los almendros no se burlan de la nieve ni entonan la canción que en otro momento hacía palidecer de envidia a los elementos, con las notas ocultas en los pétalos de papel rosados o blanquecinos de sus ramas.

Como en los cuadros de Friedrich, el aire se vuelve amarillo; el viento trae compañía de arenas  y de crepúsculo sobre las ramas secas  y fantasmagóricas de las ruinas de una abadía cualquiera.

Un barco se aleja hacia el olvido bajo los auspicios de oscuras miradas vestidas de negro  y alguien reza ante la inmensidad de la soledad del horizonte, del cielo  y del mar con trazos nerviosos  y enfrentando la tímida verticalidad con el imponente horizontal.

Atrás quedan la inmadurez, la adolescencia, la locura, las delicias en un jardín donde el infierno, el cielo y el purgatorio traen castigos o premios terrenales a figuras disconformes con su propia naturaleza. Música infernal, ante el sexo posturas incoherentes  y animales paradisíacos conviviendo con el ser humano. El Bosco usó otra realidad en la investigación del por qué de sus presentes.

No habrán más bajadas a las cinco de la tarde, dibujando en la imaginación las hojas inmaduras de los álamos  o de los eucaliptos, bailando sobre aires azules  y dispuestas a dormir sobre vientos rojos.  Se decoloran los tintes de las rosas que dan vida a los pequeños  troncos que las soportan hasta que dejan de adornar los ojos de quienes las observan por ley simple de existencia.

No abrigará el dondiego la soledad de la dama que sale de paseo ni al caballero que la acecha pacientemente, cada tarde, en su rincón, con un libro en la mano  y con una sonrisa hurtada a otra mujer, en la mirada.

La vida llora la pérdida de vidas. La ausencia de caricias esperanzadoras, las risas que ahora duermen sueños incomprendidos por falta de justicia y las ternuras que  se han sepultado bajo algunos metros de tierra en contra de su voluntad.

Todos los días se marchitan ante cada injusticia cometida, ante cada golpe recibido o ante cada disparo que se ha regalado sin motivo expreso.   Y cada vez la balanza está más descompensada. Si no se pone remedio, será el planeta el que se detendrá   y caerá en cualquier lugar inexistente con tal de no seguir soportando la crueldad de las picaduras humanas. Ya tardas, planeta tierra, en echarte la loción antipiojos y la de antipulgas. ¿O no te gusta lucir una bella cabellera  y lazos de color que iluminen tu rostro azulado  y te hagan coqueta en las noches de melancolía?

Ya tardas en quitarte de encima las ideas subversivas  y manipuladoras, los comportamientos negligentes, las frivolidades y las vanidades o al menos, de colocarlas en su lugar. Haz limpieza y pon orden dentro y fuera de ti y colócanos en el lugar que nos merecemos a ver si nos damos cuenta de que no somos tan poderosos como nos creemos.

 Entonces sí, tras haber aplicado una buena dosis de “Cristasol” para dar brillo a las miradas de aquellos que creen saberlo todo o entenderlo todo sólo con mirar, de “Kh7” para quitar la grasa cerebral de tanto oído limpio de cera pero sordo de entendederas y de  “Pronto” para derribar muros de madera ilusorios de mentiras e incomprensión además de cantidades ingentes de lejía y amoniaco para desinfectar sentimientos empolvados por exigencias del poder, del dinero o de cualquier guión sin trazas de conocimiento, luce con encanto en esas noches locas  y en esas tardes de verano las atrevidas ideas de Magritte o Dali, disfruta sobre ti de  las luces de Kinkade  y de los paraísos irreales del Greco, Vermeer o de Monet, del aroma de Van Gogh   y de las bailarinas de Degas, de Lautrec y sobre todo…

Sobre todo…

Permite a la paloma de Picasso volar sobre la vida, la alegría y el equilibrio en un mundo que necesita que te revistas con aquel traje verde que se fue decolorando  y que has ido volviendo a recuperar paulatinamente.

¿Crees que entonces, las notas de Grieg  y la historia de Ibsen podrán tener, de nuevo, un sentido?

 

 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Maria Teresa Aláez García.
Publicado en e-Stories.org el 09.01.2009.

 

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