Stephanie Kasper

Cómo los papagayos y los monos dejaron de ser amigos

            
 
            Érase una vez, los papagayos y los monos eran amigos. Pasaban los días en los árboles, divirtiéndose. Las dos especies de criaturas podían hablar lo mismo como los seres humanos y comunicarse, y contarse chistes los unos a los otros todos los días. Además, a los monos les gustaba vestirse de hojas e imitar a los papagayos. A los papagayos les encantaba imitar los gritos del tigre para asustar a los monos.
            Una noche los monos decidieron hacerles una burla a los papagayos. Muy callados, pero muy callados, los monos anduvieron de puntillas hasta el lugar en donde dormían los papagayos. Sí, dormían  profundamente. No tenían la menor idea de lo que les iban a hacer sus amigos. Y ¿Qué hicieron? Sin hacer ni un sonido, los monos pintaron a los papagayos. Los pintaron al parecer de un mono. ¿Por qué? Porque eran monos con un sentido de humor muy raro. Después, regresaron a su hogar y se rieron mucho y se durmieron enseguida. Por la madrugada los papagayos se despertaron y fueron al río para bañarse. Cuando veían sus caras reflejadas en el agua, todos se asustaron.
            <<¿Cómo puede ser? Nos dormimos papagayos y nos despertamos monos. ¿Qué pasó? ¡Será un encanto de una bruja! ¿Qué haremos? Vamos en seguida a consultar con nuestros amigos, los monos.>>  Y andaban hacia los árboles, gritando, <<¡Ayúdanos! ¡Ayúdanos!>>
            Los monos, que ya  sabes eran muy tontos, se les había olvidado completamente la burla que hicieron la noche anterior. Por eso, cuando vieron a los papagayos pintados como monos, pensaban que eran monos de verdad de una tribu enemiga desde otra parte de la selva. Inmediatamente, empezaron a tirar frutas, nueces y cocos a los papagayos. Los papagayos, que estaban en un estado de pánico, se les olvidó completamente cómo hablar y no podían decirles nada a los monos. Al principio trataron de huir por correr, pero tan pronto como corrían comenzaron a volar. De repente los papagayos se dieron cuenta de que no eran monos sino pájaros. ¡Qué sorpresa! Pero se sentían tan engañados que no quisieron aceptar las disculpas de los monos. Por su parte, los monos sentían tanta vergüenza que al final ellos también perdieron su habilidad de hablar y sin la habilidad de hablarse los unos a los otros, ni los monos ni los papagayos podían reestablecer la amistad que habían tenido. ¡Qué lástima!
              Hoy en día, cada grupo pasa por la selva cotorreando sin entender lo que el otro grupo está diciendo. Se puede oír sus chirridos y gritos mientras tratan en vano de comunicarse. ¡Pobres criaturas!

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Stephanie Kasper.
Publicado en e-Stories.org el 11.09.2010.

 

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