Carlos Mª Martorell de la Puente

En el desierto...

 En el desierto beber cerveza puede resultar trágico. Como te crees que me siento, cómo crees que sobrevivo, crees que es fácil, con las piernas rotas, todos mis combates perdidos, solo en el agujero, con mis huesos que se quejan y crujen amenazando otra fractura, sin ningún futuro, con mi triste pasado de marioneta alcohólica, de enfermo en manos de los médicos, con mi garganta seca, con el temblor de mis manos, con el deseo siempre acuciante de conseguir un arma y volarme los sesos. Como crees que sobrevivo, qué te piensas que es mi vida, tú siempre atribuyéndome méritos y virtudes que nunca he merecido, tú siempre con tu perspectiva positiva, contemplando la cara amable y sonriendo a la vida, cómo crees que aguanto esta condena, este paraje inhóspito, esta maldición, crees que es fácil. Y las noches insomnes e interminables con todos los locales cerrados, fumando las colillas del cenicero, apurando el culo de las botellas, llorando porque me abandonaron, cómo si no, quién iba a cargar conmigo, con este saco de mierda que es mi cuerpo molido, no me importa si en el desierto con la garganta seca beber cerveza puede resultar trágico, no me importa si los niños en la calle me patean la cabeza cuando caigo sin sentido por el alcohol, no me importa si he de volver a prisión, ¿quién te has creído que eres? Crees que salvarás mi alma, que enderezaras mis pasos y te lameré agradecido tus manos convertido en tu perrito fiel. Cómo crees que aguanto esta vida de perro apaleado, de dónde piensas que saco el valor para alzarme por las mañanas y asistir al comedor social con mis amigos entrañables los pobres y tristes y mal tratados y compañeros de fatigas y socialmente inadaptados y discapacitados psíquicos y enfermos mentales y exreclusos y cansados, reventados, petados, socialmente poco deseables mis entrañables amigos del comedor social. Qué te crees que es esto, qué te crees que es esto. Tú siempre atribuyéndome méritos y virtudes que nunca merecí, tú siempre con tu perspectiva positiva, tu visión optimista, como una planta caprichosa que florece en mitad del estercolero. Aquel día resplandeciente, aquel día maravilloso, mi cuerpo colgaba de las nubes, aquel día irrepetible, bebíamos vino en el parque y yo me mecía de las nubes. El sol sonreía y tu me jurabas que nunca habías experimentado tal felicidad, aquel día de primavera en el parque de la ciudad, el sol resbalaba y la hierba cálida y fresca oscilaba en la brisa, yo me mecía en las nubes y bebíamos vino del supermercado. Aquel día tan especial me besabas mi cuello y vertías el vino por mi espalda, yo me mecía en las nubes y el sol resbalaba por el parque, aquel día de primavera, me besabas con tu boca fresca con tus brazos ligeros forcejeábamos y nos besábamos y averigüé, tú me dejaste, que en lo más íntimo, allá yacía el secreto mejor guardado de tu espíritu que apenas confiabas a nadie, aquel día tan especial en el parque, llévame al cielo, a las estrellas, a las nubes, te quiero y mi cuerpo tiembla cuando me acariciabas y sonreías y me decías que nunca habías experimentado tal felicidad.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Carlos Mª Martorell de la Puente.
Publicado en e-Stories.org el 28.02.2011.

 

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