Román Sandoval Torres

DOS EXTRAÑOS

DOS EXTRAÑOS


 

   Tenía muchas ganas de verte, pero en realidad no sabía bien para que; no para hablar, eso queda claro, pues a los pocos minutos de estar juntos, ya me sentía como si mi pie derecho entrara en zona de arenas movedizas y el pie izquierdo lo siguiera instantáneamente.

   Me gustaría saber qué viste tú. Yo me peiné, me puse perfume en el pecho y cuello, pero no me puse de pie para abrazarte, tal vez pudo haber sido una buena manera de iniciar la velada, en fin, ya no vale la pena insistir en ello, ¿o si?.
   Quien nos viera, y si acaso fuera un curioso, pensaría que negocios simples nos tenían ahí sentados uno junto al otro, en esa banca mal iluminada, ¿un intercambio de direcciones?, ¿una cita a ciegas...........demasiado a ciegas?. Si es que una ceguera tan extrema en estos casos es posible, pues nunca, ninguno de los dos, nos hemos distinguido por ver nuestra belleza interna.

   En cuanto inició la conversación desestructurada, supe que eso no iba a andar de ninguna manera, mis preguntas, mas que abrir algún camino para comprensión y armonía para ese momento juntos, parecía el trabajo de un torpe cincel sobre piedra volcánica dura, demasiado dura.

   Tú, ya lo sé, te sentías interrogada impunemente; parece que no me es fácil verme con tus ojos, crees que quiero ser tu dueño, y no hay nada como eso para ponerte furiosa.
   Si mis labios temblan por besarte, o por sostener el miedo de que te me estabas escapando otra vez, los tuyos se estremecían al sentirlo, eso creo. Elegí mal, otra vez, me dueles escribirte un adiós cada determinado tiempo, no vas a aceptar solo mi beso, equívoco, como siempre, o tal vez solo es que te aburro soberanamente.

   Ahora, hoy, tú, yo, ¿vez como palabras tan pequeñas no sirven para llenar el vacío que se abre entre nuestros cuerpos, apenas comienzas a conjeturar qué quiero?, ¿que quiero qué?, ¿tú sabes lo que quiero yo de ti? 
   Tus labios que tiemblan, tus manos que saben lo que tu no sabes de mi, en mi.

   Así de sencillo, el problema es que tu cuerpo es tuyo, y no puede andar ahí sin tu cerebro, sin esa sucursal de la razón que pone ese sentimiento de.......¿desprecio? en tu mirada, esas palabras hirientes en tu boca. Por eso te dejé ir, no caminaría esta noche a tu lado, no me abrazarías nada mas porque si, estabas demasiado llena de razones para que eso no ocurriera; estabas aquí, pero no conmigo.

   Me hago a un lado, llévate la idea que tienes de mi.
   No siempre fue así, hace poco tiempo nos deseábamos, pero es creer en una mutua fascinación, la delicia de tocarnos, fueron percepciones "barridas simplemente por el efecto de gravedad".
   
   Me retiro, solo que da decirte ¡GRACIAS!.................y desear que encuentres un amor verdadero y duradero.

                                 

                                                                                                                                                  ROMÁN SANDOVAL TORRES



 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Román Sandoval Torres.
Publicado en e-Stories.org el 23.08.2011.

 

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