Macario Gallego Domenech

Un mundo feliz




Hoy era un día especial para la humanidad. El conocimiento ancestral iba a ser revelado y todo estaba preparado para el gran experimento. Los gurús orientales y la mayor parte de los sacerdotes occidentales se habían puesto de acuerdo. Los políticos más populistas y una buena parte de las clase medias, cansadas de ser manipuladas por las más poderosas, se unieron al ilusionante proyecto que las clase populares de todo el mundo habían recibido con esperanzada alegría.
Esta vez, ni los grandes magnates, ni las cúpulas interesadas de los partidos, ni los poderes religiosos, pudieron impedir la convocatoria que había sido difundida por todos los medios de comunicación, las redes sociales, mensajes y un ilusionante boca a boca que había elevado de una forma maravillosa la alegría y la esperanza a las clases más desfavorecidas de la tierra y contagiado a casi todo el mundo.
A las doce en punto, hora de Tokio, el joven Dalai Lama, dirigiría una especial meditación en la que participaría todo el orbe. La avanzada tecnología, permitiría que todos escucharán sus palabras e instrucciones en su propio idioma. Unos monjes especialmente preparados emitirían unos sonidos vocales que provocarían en todos los oyentes una predisposición adecuada en las mentes y consciencias para un mejor aprovechamiento del acto.
Se esperaba que las vibraciones de amor a los demás hombres y por extensión a todos los seres de la naturaleza, llegaría a todas las conciencias. La naturaleza sería por fin una y todos estaríamos integrados en ella en armonía, paz, concordia y felicidad.
Se creía que la red expansiva de estos pensamientos tendría tanta fuerza que llegaría a todas las conciencias, aunque no hubieran participado en el acto, y se sentirían arrastradas a formar parte de esa extrema bondad que les haría olvidar el egoísmo y los llenaría de felicidad
La meditación duró apenas un hora, después todo quedo en silencio. Cada uno fue volviendo a sus respectivas labores, que dada la disparidad de las horas en los diferentes lugares del mundo eran muy variadas. Exaltados como estaban, apenas se dieron cuenta de la transformación que sus mentes y conciencias iban experimentando.
Han pasado tres días. Da gusto ver a la gente feliz por las calles. Las cadenas
de televisión están llenas de noticias que mucha gente había estado esperando toda su vida. De España se decía que los toreros habían manifestado su deseo de no volver a hacer un espectáculo sangriento. En los países asiáticos se abrieron todos los centros de esclavitud para terminar con la explotación.
Los carceleros de todo el mundo vieron en los presos sus hermanos y sin esperar burocráticas órdenes, los dejaron a todos en libertad.
Las angustias por las deudas desaparecieron pues, tanto bancos como particulares habían comunicado que sólo debían devolver lo que pudieran sin hacer ningún esfuerzo.
El paro dejó también de ser un problema. Cada uno podía trabajar en lo que más le gustara, pues a nadie le importaba compartir su trabajo con un hermano. El sueldo no tenía importancia ya que todos estaban dispuestos a repartirlo con los demás.
A las puertas de las casa y oficinas, se les quitó la cerradura. De esta forma cualquiera podía pasar y utilizar sus recursos y comodidades. Las armas ya no tenían ningún sentido. Todas las que tenían los particulares fueron guardadas como recuerdo y mientras tanto, los científicos de todo el mundo comenzaron a diseñar la forma de destruir todos los peligrosos arsenales. Las naciones ya no tenían que temer a las naciones. Todo parecía haber salido perfecto.

Un siglo después.
Un padre paseaba con su hijo por un pueblecito de casas más bien pequeñas, todas ellas con las fachadas encaladas. La limpieza de sus calles, se completaba con multitud de árboles y plantas que le daban al lugar un aire encantador.
- Padre, me has hablado muchas veces del día en que los hombres se transformaron y se convirtieron como ahora somos nosotros. Cuéntame que ocurrió después. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?.
- Mira hijo. Los primeros tiempos fueron verdaderamente terribles. Los hombres habían intentado someter a la naturaleza y esta, cuando se vio libre, respondió con una violencia inusitada. Los cambios fueron enormes. Ningún ser humanó volvió a comer , recolección de vegetales. Los carnívoros devoraban a su placer a los demás. Terroríficas plagas de insectos se extendieron por toda la tierra provocando mortíferas epidemias.p En pocos años los seis mil millones de habitantes pasaron a ser no más de trescientos millones.
- ¿Y cómo llevaron nuestros abuelos esos durísimos años?
- En realidad no fue tan horrible como puede parecer. El amor a la naturaleza les hizo olvidar el temor a la muerte. Cuando alguien moría, los supervivientes lo enterraban pensando que volvía a su lugar de procedencia. Nadie sufría por ello. Los médicos se ocuparon de eliminar el dolor más que en prolongar la vida.
- Me dijiste una vez que antes la gente vivía en unas ciudades enormes. Cuéntame lo que pasó con ellas.
- Fueron abandonadas muy pronto. Todos los elementos contaminantes dejaron de utilizarse . El transporte se redujo de una manera drástica y los alimentos empezaron a escasear. Hubo una desbandada masiva hacia el campo. Ahora, sin nadie que se ocupe, sus edificios se van desmoronando a poco a poco.
- ¿Y qué pasó con la ciencia, la cultura y el arte?.
- Siguen con el mismo esplendor. Se crearon museos en todas las pequeñas poblaciones a donde se fueron transportando todas las obras de arte antiguas y se depositaron las modernas. En los hombres sigue habiendo la misma variedad de gustos y diferencia de inteligencias solo que ahora comparten sus habilidades y logros con todos. La energía no contaminante se siguió desarrollando al mismo tiempo que se abandonó la que sí lo era. El gusto por la literatura continuó igualmente y ahora cualquier obra antigua o moderna está al alcance de todos. Una red de comunicación universal nos tiene a toda la humanidad conectada lo que permite una hermandad virtual.
- ¿ Y qué opinas del futuro. Crees que esta situación se mantendrá para siempre?
- Nada es eterno hijo. El sol se apagará un día y la tierra desaparecerá con el. Además, aunque parece que se ha encontrado un equilibrio ecológico, los sabios dicen que la evolución continúa. Tal vez una nueva especie inteligente pueda aparecer. Según todos los estudios no es posible la convivencia de dos especies de este tipo en el mismo hábitat Pero no te preocupes, se necesita mucho tiempo para que eso pueda suceder. Ahora vete con tus compañeros y disfruta de lo que, en la escuela, vais a aprender juntos.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Macario Gallego Domenech.
Publicado en e-Stories.org el 16.06.2013.

 

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