Alexander Hrvatin

الله

Amanecía, mientras sonaban los rezos, era otro día mas, otro día mas en aquella bella tierra, aunque el niño  viviera en la zona pobre, el era un niño feliz, se levantaba iba a la escuela mientras observaba las ruinas, las ruinas de lo que fue su civilización antaño, ahora gentes dominados por el egoísmo de sus congéneres.
No obstante el carácter se mantenía, su arte lo poseían, seguían siendo únicos y diferentes al resto.
Observaba su tierra, era feliz, veía las palmeras se sentía enamorado, llegaba a la escuela donde aprendía, allí el niño pasaba la mañana.
Por las tardes acudía donde su tío, el que le enseñaba cultura general, el que le enseñaba realmente lo que fue su pueblo, y lo que debía ser él, el que le enseñaba a ver el mundo.
Y cuando acababa salía a pasar el día a la calle, unos días jugaba con los niños, otros se iba por tejados persiguiendo gatos.
Y así el niño pasaba todos los días de su infancia, ajeno a la tragedia que sacudía a su pueblo, pues era un niño. Cuando creciera ya tendría tiempo para preocuparse por ello, y luchar o quizás no.
El niño soñaba  siempre igual, soñaba con un hombre árabe, muy estilizado, en un caballo blanco, al que todo el mundo admiraba, el hombre era valiente, y mantenía a los opresores a raya, respetaba a su pueblo e impartía justicia.
Y le decía al niño que él era el elegido, que él debía liberar, que era la fuerza de allah.
El niño se asustaba pero nunca contaba ese sueño a nadie, ni a sus amigos, ni a su familia, ni siquiera a su tío.
Los años pasaron y pasaron, la desgracia sacudía el país, la situación se volvió insostenible, el hambre corría por las calles, todo se volvió gris y la violencia aumentaba drásticamente.
La familia del niño decidió emigrar, hacia una tierra mas prospera, hacia la felicidad, lejos de la violencia.
El niño se adapto a las costumbres, al idioma, y las gentes de la nueva tierra, se integro totalmente en la sociedad, se hizo adulto, el niño encontró un trabajo, se caso con una mujer y formo una familia, totalmente alejado de sus costumbres, totalmente alejado de su tierra.
Y así pasaron años y años, hasta que al niño le reapareció su sueño, el hombre árabe montado a caballo se le apareció, el gentío le aclamaba, el impartía justicia, el era valiente, el mantenía a los opresores a raya, con el no había hambre, no había violencia sino esplendor, hasta las casas brillaban.
El se miro en el sueño, era un niño, era el de pequeño otra vez. Las casas brillaban había esplendor, la gente era feliz.
El hombre árabe al que todos admiraban se paro delante de él. Todos miraban
Cogió al niño lo levanto y dijo:
-este es el elegido de Allah
Y el pueblo comenzó a aclamar
Sentía miedo, intento despertarse pero no podía no era capaz.
El hombre árabe se lo llevo a su palacio, y se pusieron a rezar, el se acordaba como era, luego le ofreció dátiles y leche. Y conversaron
De repente el ya no era un niño sino el hombre que era
-¿Por qué? –dijo el hombre árabe
Se miraron en un silencio incomodo
-ya no eres el que debías ser, debes liberar al pueblo, eres el elegido de Allah
El seguía en silencio.
-mira por la ventana
El se asomo por la ventana y observo  los verdes olivos de su tierra con los señoritos que sudaban las gotas en los casinos mientras en el campo los labradores regaban la tierra con sus sudores. Y veía verdes viñas que los opresores explotaban mientras recogían la uva los vendimiadores para darles el gusto a los señores, miro al mar viendo pescadores con redes rotas, porque sobre la arena había rascacielos, al servicio de los extranjeros que destrozaban la mar no dejándoles vivir.
Ese era el panorama, de repente cuando dejo de mirar el hombre árabe, era el, ahí estaba armado con sus espada curva, su arco, el pueblo le aclamaba y su caballo esperaba con un estandarte. Mientras al fondo se veían palmeras.
Y despertó, estaba en la cama con su esposa, en la tierra nueva. Se levanto fue a trabajar todo como un día cualquiera pero al volver a dormirá la noche comenzó a soñar
El se miro en el sueño, era un niño, era el de pequeño otra vez. El gentío gritaba, aclamaba  el hombre árabe pasaba en medio de todo aquello.
El hombre árabe al que todos admiraban se paro delante de él. Todos miraban
Cogió al niño lo levanto y dijo:
-este es el elegido de Allah
Y el pueblo comenzó a aclamar
Sentía miedo, intento despertarse pero no podía no era capaz.
El hombre árabe se lo llevo a su palacio, y se pusieron a rezar, el se acordaba como era, luego le ofreció dátiles y leche. Y conversaron
De repente el ya no era un niño sino el hombre que era
-¿Por qué? –dijo el hombre árabe
Se miraron en un silencio incomodo
-ya no eres el que debías ser, debes liberar al pueblo, eres el elegido de Allah
El seguía en silencio.
-mira por la ventana
El se asomo por la ventana y observo  los verdes olivos de su tierra con los señoritos que sudaban las gotas en los casinos mientras en el campo los labradores regaban la tierra con sus sudores. Y veía verdes viñas que los opresores explotaban mientras recogían la uva los vendimiadores para darles el gusto a los señores, miro al mar viendo pescadores con redes rotas, porque sobre la arena había rascacielos, al servicio de los extranjeros que destrozaban la mar no dejándoles vivir.
Ese era el panorama, de repente cuando dejo de mirar el hombre árabe, era él, ahí estaba armado con su espada curva, su arco, el pueblo le aclamaba y su caballo esperaba con un estandarte. Mientras al fondo se veían palmeras.
Y despertó, estaba en la cama con su esposa, en la tierra nueva. Se levanto fue a trabajar todo como un día cualquiera. Al día siguiente se fue a dormir y volvió a soñar
El se miro en el sueño, era un niño, era el de pequeño otra vez. El gentío gritaba, aclamaba  el hombre árabe pasaba en medio de todo aquello.
El hombre árabe al que todos admiraban se paro delante de él. Todos miraban
Cogió al niño lo levanto y dijo:
-este es el elegido de Allah
Y el pueblo comenzó a aclamar
Sentía miedo, intento despertarse pero no podía no era capaz.
El hombre árabe se lo llevo a su palacio, y se pusieron a rezar, el se acordaba como era, luego le ofreció dátiles y leche. Y conversaron
De repente el ya no era un niño sino el hombre que era
-¿Por qué? –dijo el hombre árabe
Se miraron en un silencio incomodo
-ya no eres el que debías ser, debes liberar al pueblo, eres el elegido de Allah
El seguía en silencio.
-mira por la ventana
El se asomo por la ventana y observo  los verdes olivos de su tierra con los señoritos que sudaban las gotas en los casinos mientras en el campo los labradores regaban la tierra con sus sudores. Y veía verdes viñas que los opresores explotaban mientras recogían la uva los vendimiadores para darles el gusto a los señores, miro al mar viendo pescadores con redes rotas, porque sobre la arena había rascacielos, al servicio de los extranjeros que destrozaban la mar no dejándoles vivir.
Ese era el panorama, de repente cuando dejo de mirar el hombre árabe, era él, ahí estaba armado con su espada curva, su arco, el pueblo le aclamaba y su caballo esperaba con un estandarte. Mientras al fondo se veían palmeras.
Y despertó, ya nada era real.
Ya no sabía qué hacer se lo conto a su mujer, fue al psicólogo, nadie le daba una solución por más que lo intentara. Volvía a soñar igual una noche tras otra y otra, y otra. Las estrellas se perdían al anochecer.
Finalmente decidió viajar a su país, algo le impulso, a hacerlo.
Llego allí, bajo del avión, dios mío la imagen era desoladora
Las calles estaban llenas de mendigos , todo el mundo pedía a la puerta del mercado , mientras los pudientes compraban , no había trabajo para nadie , y el poco que había era mal pagado con la manutención alimenticia , las calles ahora eran grises , las palmeras se habían secado , las mezquitas estaban llenas de fieles suplicando comida , mientras los opresores maltrataban al pueblo. Y se reían de ellos.
Se dirigió a su antigua casa, estaba en ruinas, pero aun así la gente vivía, tenía un gran agujero, años atrás una bomba exploto allí, pero no hubo dineros para la restauración solo unas vigas madera lo apuntalaban.
El viento soplaba, era el viento del hambre.
Recordó su sueño, miro a su pueblo. Y entonces grito:
-yo soy el elegido de Allah, yo soy el elegido de Allah, yo soy el elegido de Allah!
Pueblo quitaros cadenas, vamos seguidme.
La guardia se abalanzo sobre él, pero de repente una fuerza insostenible le invadió, de solo un puñetazo de quito a los veinte guardias que le iban a detener.
Siguió avanzando, pero ahora avanzaba en su caballo blanco, busco al corrupto gobernador y de un puñetazo le mando lejos.
La gente le seguía la gente le aclamaba.
Y siguió quitándose guardias con su espada curva, pues él solito se bastaba, estaba amando jaleo.
De repente recordó su infancia, recordó cómo mientras andaba por los tejados un gato acababa con una paloma, vio que la paloma era el pueblo, y los gatos lo opresores, y el perseguía a los gatos, recordó que lo asusto y la paloma voló, el era cazador, la paloma voló tan alto, tan alto y era tan blanca tan blanca que le enamoro, ahora entendía ese amor.
Y siguió armando jaleo.
Paseaba y la gente le aclamaba pues había conseguido la libertad. Pero en medio del paseo paro su caballo blanco, lo detuvo frente a un niño.
Un niño vestido con harapos, algo sucio, moreno despeinado, de ojos negros penetrantes, con una mirada tierna, pero que se le observaba la fuerza de mil hombres.
Se detuvo y levanto el niño, enseñándolo al pueblo diciendo:
-este es el elegido de Allah
 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Alexander Hrvatin.
Publicado en e-Stories.org el 31.07.2013.

 

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