Emilio Puente Segura

LOS JUGUETES ROTOS ACABAN SIEMPRE EN UNA BOLSA DE BASURA. 9

NOTA: Ante todo, quiero pedir mil disculpas a los lectores que siguen la serie, por la tardanza en publicar éste capítulo. Problemas de salud. También deciros que se han cambiado, añadido o suprimido partes del texto de los anteriores capítulos, con la única intención de mejorar el resultado final del relato. Sin más... sigamos.


                                                                                                                 
                                                                           
  Capítulo 9


Darío Segré se acercó a la mesa baja sobre la que se encontraban el ajedrez y el portátil. Acarició el hoyuelo de su barbilla y frunció el ceño. Después de observar la disposición de las piezas durante un minuto aproximadamente miró a los demás.

--Jaque de negras a blancas, y mate en el siguiente  movimiento.

--¡Vaya, parece que sabes jugar bien! --dijo Osvaldo sorprendido.

--Es solamente un hobby.

--Tiene que ser algo más que un hobby cuando has tardado tan poco tiempo en descifrar el momento en el que se encuentra actualmente la partida.

--En realidad, me apasiona el ajedrez. Pero no soy una eminencia. --aclaró un humilde Segré--.  Sólo cuando me queda algo de tiempo libre juego en línea en torneos organizados por clubes de aficionados. También me dejo caer por un local que hay en el parque cercano a mi casa. Me relaja. ¿Tú juegas?

--Hace años que no echo una partida. Sería una presa demasiado fácil para tí.

--Los que vais de víctima resulta que luego sois los más peligrosos.

--Qué va… --dijo Osvaldo sonriendo--. Pasa como con los idiomas, si no los practicas, se van olvidando con el tiempo.

La doctora Durán se acercó a ellos.

--Me hubiera gustado aprender a jugar a esto, entre otras cosas porque era el pasatiempo favorito del chico que me gustaba. Se pasaba el día con los codos apoyados en una mesa y la cabeza entre las manos. Terminé odiando el ajedrez y a él.

--Entiendo al muchacho. Es un juego tan apasionante que si te gusta de verdad se puede convertir en una adicción.

--Dígamelo a mí inspector. Bien. Aquí ya no hay mucho más que ver. Si me acompañan a la habitación.

Claudia Durán encabezó la comitiva de camino al dormitorio de Sergio Suárez. En ese momento,Kodak, el fotógrafo, sacaba fotos del móvil que estaba en el suelo junto a un número identificativo.

--Como pueden observar, esto es un pequeño caos. Todo desordenado. La cama deshecha. La mesilla de noche desplazada de su lugar natural. La lámpara por los suelos. Ahí, un charco de agua que probablemente proceda del vaso que está encima de la mesilla y que extrañamente permanece en pie. Y el teléfono móvil también ha terminado por los suelos.

--Espero que ningún manazas haya manipulado el vaso. --Segré mostró su enfado ante tal posibilidad--. Estaría contaminando la escena del crimen.

--No creo que haya sido cosa de ningún profesional. Todos sabemos lo que se debe y no se debe hacer en el lugar de los hechos. --replicó la doctora--. Enseguida lo recogerán para llevarlo al laboratorio con el resto de indicios.

--Quisiera pedirle un favor Claudia…

--Si está en mi mano inspector…

--El portátil. Me gustaría que fuese Eko quién lo destripe.

--¿Pacheco? ¿Ese hippie trasnochado con olor a marihuana?

--Es muy bueno en lo suyo. Vamos a ver, no quiero desmerecer el buen trabajo de nuestros informáticos, pero ganaríamos tiempo, que ahora mismo es lo que no podemos perder.

--Bien…, pero será usted el responsable de la custodia del ordenador. No olvide que ese hombre fue condenado por cracker. Accedió ilegalmente a redes ajenas, a sistemas gubernamentales. Fabricaba virus informáticos imposibles de detectar y eliminar.

--Pero eligió unirse al bando de los buenos.

--¡Claro Segré! A cambio de anular la sentencia y no pisar el trullo. No sé, pero no me fío de su reconversión a niño bueno que no ha roto nunca un plato, y tampoco de su moralidad.

--Yo sí… Y no le quepa duda que ahora es el mejor hacker que conozco doctora. Es preferible que esté de nuestro lado que contra el sistema en general, créame. Si actuara por libre nos crearía verdaderos quebraderos de cabeza.

--Usted sabrá. Ahora el portátil es su responsabilidad Segré. Esperemos que ese Eko no nos traiga problemas.

--Le aseguro que es de fiar. Podemos acusarle de ser algo extravagante e incluso de que posiblemente consuma sustancias alucinógenas, pero hasta ahora su lealtad y compromiso están fuera de toda duda, son incuestionables. Era un joven rebelde que cometió errores y aprendió de ellos.

--Si usted lo dice, será cierto. Todos merecemos segundas oportunidades.

--Lo hará bien. Creo, que aunque aparenta odiar a la poli, ya se siente un policía más. Simplemente es un tipo singular. Siempre se ha dicho que todos tenemos un doble vagando por el mundo, pues en el caso de Eko, es imposible que exista otro como él.

--No tiene que darle más coba. Yo me lavo las manos, ¿de acuerdo?

--Gracias Claudia.

Segré se dirigió a Osvaldo. Sacó el móvil del bolsillo.

--Le llamaré para que elabore un listado de las cámaras de vigilancia de los organismos oficiales que estén en funcionamiento en un radio de medio kilómetro a la redonda. Y que localice los comercios y cajeros automáticos de los alrededores, que también  cuenten con cámaras de seguridad.

--Me parece acertado, la noche ha sido tan desagradable que las calles estaban desiertas. Cualquiera que pasase por delante de las cámaras a las horas previas al crimen y haya sido grabado, podría ser sospechoso del asesinato.

Mata-Santos llegó a la puerta lateral de la ambulancia rodeado de traviesos copos de nieve que revoloteaban sin rumbo a su alrededor guiados por un viento desagradable. Llamó con los nudillos congelados. Echó de menos haber cogido unos guantes de casa. Abrió la puerta de par en par un sanitario.

--Buenas. Soy el oficial Mata-Santos, de homicidios. Me gustaría saber cómo se encuentra la madre del chico. Imagino que no estará para declarar.

--Imposible oficial. La llevamos al hospital ahora mismo. Hemos tenido que sedarla porque quería volver a toda costa a la casa para ayudar a su hijo. Tiene que ser tratada urgentemente por un psicólogo.

--Lo que sí necesito es hablar un par de minutos con la mujer que llamó a emergencias. Le prometo que será rápido.

--Bien, pero recuerde que es necesario que llevemos lo antes posible a esa mujer al hospital.

La vecina salió de la ambulancia.

--Por favor señora. Si es tan amable de seguirme al coche. Sólo serán un par de preguntas.

--Claro agente.

--Oficial, señora…

Se refugiaron del intenso frío dentro del coche.

Laurencio Mata-Santos echó mano del móvil para grabar la declaración de la vecina de Sergio Suárez.

--Oficial Laurencio Mata-Santos, tomando declaración a la señora… --se hizo un silencio--.

--Ah sí… perdón, mi nombre es  Adelaida Muñoz.

--Gracias. Bien, cuénteme desde el principio lo que pasó, por favor.

--Bueno. Pues me levanté a las ocho, como todos los días desde hace muchos años, cuando tenía que preparar el desayuno a mi marido y meter la comida en la tartera que se llevaba al trabajo. Era un buen hombre. No puedo quejarme de nada. Murió hace siete años. Un ataque al corazón. En una casa de citas. La muerte dulce la llaman. Yo no le guardo ningún rencor.

--Lo siento…

--¿Siente qué, que me engañara o que se muriera…?

--Pues… Las dos… --titubeó Laurencio azorado--. Pero cuénteme lo de esta mañana por favor…

--Estaba desayunando cuando escuché un grito, pero un grito desgarrador que me puso la carne de gallina. Nunca había oído un grito así. Quizás en alguna película de terror, pero ni punto de comparación. Este era un grito real… Demasiado real agente.

--Oficial, señora, soy oficial. --lo suyo le había costado.-- Pero siga. Y por favor vaya al grano. Lo digo porque la ambulancia está esperando para llevar a su amiga al hospital.

--Claro. ¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Después del grito sonó un golpe seco que hizo temblar las copas de cristal del aparador. En ese momento estaba segura de que algo grave estaba pasando en el apartamento de Sergio. Cogí la llave que me dejó Sandra por si acaso hiciera falta echar mano de ella en cualquier momento, y subí por las escaleras tan rápido como pude. Abrí la puerta y fui hacia el estudio de Sergio. La escena era dantesca. Sandra estaba tirada en el suelo. Y cuando levanté la mirada, pude ver a Sergio, el pobre… --Adelaida rompió a llorar--. Fue horrible. Horrible, se lo aseguro agente.

El oficial Laurencio esta vez no  la quiso rectificar.

El sanitario dio unos golpes en la ventanilla del coche.

--Disculpen, tenemos que ir al hospital.

--Deme un par de minutos más y acabamos doctor. ¿Escuchó algún ruido de madrugada que proviniese del apartamento de Sergio?

--No, nada… Y mire que lo siento porque cualquier ruido me despierta, pero anoche... --Adelaida lloró de nuevo.

--Siento hacerla recordar lo que pasó, pero entienda que cualquier dato es importante para detener cuanto antes a la persona que mató al chico.

--Pero... ¿No se ha suicidado? --preguntó sorprendida Adelaida--.

--Es casi seguro que ha sido asesinado señora.

--Asesinado… ¿Sergio..? Pero… quién… ¿Quién querría matar a un muchacho como él..? Tan buena persona. Tan indefenso. Tan inocente… ¿Quién...y...porqué? --lloró de nuevo.

--Es lo que tenemos que averiguar. Por eso es necesario que intente recordar. Un ruido inusual de madrugada. Golpes. Voces… Lo que sea. Cualquier detalle por muy insignificante que parezca puede ser crucial.

--Dios mio. Para Sandra será muy importante saber que su hijo no se ha quitado la vida. Que no debe sentirse culpable. --se secó las lágrimas con un pañuelo de papel hecho añicos por el excesivo uso--. Pero… ¿Dónde está Dios cuando más se le necesita..? ¿Dónde estará, agente..?

Laurencio Mata-Santos pensó que Dios creó el mundo y luego se fue a por tabaco, o de vacaciones indefinidas.

--Antes de que se me olvide señora. ¿Sabe quién se encarga de la limpieza del edificio y cómo ponernos en contacto?  Quisiera interrogarla

--Anastasia. Puedo hacer una llamada si quiere.

--Se lo agradecería.

--Tiene que seguir por la zona. --sacó el móvil del bolso y buscó en la agenda--. ¿Hola. Anastasia? Soy Adelaida. Sí la del bloque 21. Es que ha pasado algo horrible. Han matado al chico de la silla de ruedas. Sí, a Sergio. No, no… Ya sé que tú no has sido Anastasia, pero la policía está preguntando a todos los vecinos por si alguien ha oído o visto algo. Sí… Quieren hablar también contigo. No te preocupes… No van a detenerte… Sólo quieren información eso es todo… Ven cuando termines en ese bloque… Será poco tiempo me imagino, un par de preguntas y podrás seguir trabajando. Que tardarás unos veinte minutos… Bien...  Yo se lo digo. Vale… Chao Anastasia.

Guardó el móvil.

--En veinte minutos estará aquí agente.

--Gracias por su ayuda señora. Por ahora no la necesitamos más. Los chicos de la ambulancia están esperando.

Mata-Santos entró en el estudio acompañado del frío de la calle encaramado a su espalda. Media hora después un agente uniformado anunció la llegada de la persona responsable de la limpieza del edificio. Era un hombre alto y de constitución fuerte. Todos se sorprendieron pues esperaban a una mujer.

--Hola... --dijo con voz grave.

--Pase caballero. Gracias por venir. Sólo le robaremos unos minutos de su preciado tiempo. --aseguró Segré--. Tengo que reconocer que esperábamos a una mujer. Es la mala costumbre de etiquetar a la gente. Hemos asociado la palabra limpieza con el sexo femenino. ¿Quiere sentarse ?

--No. Quiere perder poca tiempo. Yo quiere ir a trabajo. --comentó visiblemente molesto con acento extranjero.

--Le aseguro que no tardaremos mucho. --Segré le quiso tranquilizar.

--Si no hago trabajo, yo fuera de empresa.

--Le entiendo perfectamente. Podemos empezar porque nos diga su nombre por favor.

--Anastazy. De Polonia.

--Nos han informado de que se encarga de la limpieza del edificio.

--Si, los días jueves.

--¿A qué hora empieza a trabajar en esta comunidad?

--Siempre siete .

--Bien, las siete. Unas dos horas o dos horas y media después del asesinato.

--Yo no ha sido señor. Anastazy siempre malo para gente. Anastazy no roba, no mata. Yo buen personen. --Anastazy comenzó a subir el tono de voz y su enfado también iba en aumento.-- Si falta joya, dinero o putas bragas, todos  primera miran a mí, a Anastazy. Yo no roba, no mata. Anastazy personen buena. Juro y juro.

--Me parece perfecto. Pero usted no está aquí como sospechoso. Sólo serán unas preguntas y podrá seguir con su trabajo ¿de acuerdo?

--No fácil trabajo en crisis.

--Lo entiendo. Seremos breves. Tranquilícese e intente recordar si vio salir a alguien que no fuese de este edificio. Alguna persona con un comportamiento extraño. No sé… Cualquier cosa fuera de lo habitual.

--Todo normal. Sólo ver a vecino ir a trabajo. Cosa siempre lo mismo.  

--Pues si no ha visto nada hemos terminado caballero y perdone por la molestia.

--Ok. Vuelve a trabajo.

--Si recordase algo nos llama por favor. --Segré le dio una tarjeta con el número de teléfono.

Anastazy salió con paso rápido al frío del exterior.

--Pues nada... -- concluyó con pesimismo Claudia Duràn --

Anastazy entró de nuevo.

-- Sí recuerdo. Encontró cosa en suelo.

--¿Encontró algo en el suelo? -- Cuestionó con sorpresa Segré- ¿Qué era?

--Es, humm… Cómo decir…  Zapato de hospital…, ¿sabes?

--¿Un zapato de hospital? --repitió extrañado Mata-Santos.-- ¿Será un zueco?

--No zapato, no zapato. Es... --Anastazy se agachó para tocar su calcetín derecho.-- Se pone en pies.

--Calcetines que se ponen en los pies. En hospitales… No me entero de nada con éste hombre. ¿Podría ser más explícito? Aunque no creo que sepa lo que significa explícito. --medio bromeó la doctora.

--Sí…  para estar en parto de hermana, Anastazy pone eso… “zyelini” en polaco, aquí es…, es…, sí… verde, sí verde. Pone en pies, en boca --se tapó la boca con sus manos gigantes.-- Para cuerpo también. Todo verde. Y gorro verde también. --les miró, esperando que con sus datos quedara claro lo que quería explicar.

--Creo que se refiere a unos cubrepies de quirófano. --comentó Osvaldo.

--¡Claro! Seguro que es eso. Esa es la maldita causa de no haber encontrado ninguna huella de pisada. --acertó a decir Claudia.

--¿Dónde estaba, en qué parte del edificio lo encontró? --se interesó Segré.--

--En entrada.

--Se los quitaría antes de salir a la calle y al guardarlos éste se cayó al suelo sin que se diera cuenta. --argumentó Segré--

--Si presuntamente le pertenece, ha sido un fallo de los gordos por su parte, y para nosotros un bonito regalo navideño. ¡Qué atento! --comentó con ironía la perita forense.

--Sí que sería casi un milagro. -- asintió Segré-- ¿Qué hizo después con lo que encontrò?

--Meter en bolsa para tirar basura.

--Bien, entonces lo metió dentro de una bolsa de basura y la tiró en un contenedor. ¿Habrá pasado el camiòn del servicio de recogida?

--No. --contestó categórico el polaco-- màs tarde.

--Pues acompañe por favor al oficial Laurencio y le indica si es tan amable el contenedor en el que tirò la bolsa de basura antes de que vengan los operarios a recogerla.

Anastazy no puso buena cara. Más tiempo de su trabajo perdido. Antes de salir a buscar entre la porquería la bolsa con el supuesto cubrepie de quirófano, Laurencio cogió un par de guantes  y bolsas para pruebas del maletín de Claudia Duràn.

--Con un poco de suerte, en el cubrepie pueden haber quedado restos transferidos de la suela de su calzado y darnos una pista del terreno por donde haya pisado ese individuo. --Claudia estaba animada por esta importante casualidad. Tenía muchas ganas de empezar a trabajar.

En la calle no había demasiados curiosos, el intenso frío no invitaba a estar parado más tiempo de lo humanamente aguantable. Ni siquiera por el morbo de ver salir en directo el cadáver de nadie.

Entre la poca gente destacaban tres o cuatro periodistas de sucesos micrófono en mano escoltados por sus respectivos cámaras, esperando con impaciencia las declaraciones de la policía. Segré y sus compañeros habrían pasado de largo sin decir ni una palabra, pero el protocolo les obligaba a pararse a hablar con los medios, aunque sólo fuera para no decir nada.

--Inspector Segré, por favor, ¿sería tan amable de contestar a unas preguntas? --la periodista, con manos temblorosas por el frío se interpuso en su trayectoria. Sin dejar que Segré abriera la boca, formuló su primera pregunta--. ¿Qué hacen los de homicidios en el escenario de un suicidio?

--En un primer momento avisaron a emergencias porque una persona se había suicidado. Pero ahora las cosas no están muy claras.

--¿A qué se refiere con que las cosas no están muy claras?

--Tenemos que analizar todo detenidamente. Es muy pronto para dar respuestas seguras. Gracias.

Segré y sus compañeros continuaron andando hacia el vehículo.

--Al principio fingen ser amables para ganarse tu confianza. --comentó Mata-Santos a Oswaldo--. Pero cuando pasan los días y no se ha detenido a nadie, no tendrán piedad con nosotros, nos despellejarán vivos.

Osvaldo sonrió y asintió con la cabeza.

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Emilio Puente Segura.
Publicado en e-Stories.org el 10.06.2018.

 

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