Regina Sedelke

La amenaza eterna

 
 

Capitulo 2

 

 

 

 

En las ruinas

 

 

 

“ Allí hay un gatito...quiero verlo” llamó Nieves, mientras enseñó con el dedo indice hacia las ruinas.

 

“De ninguna manera...no...¡sigue! le instruyó, luchando con sus propias dudas y la curiosidad que le invadió sin quererlo. Intentó no dejar ver a su hermana este inseguridad pues como hermano mayor y encima hombre, uno no debe estar inseguro sino firme.

 

Pero sin notarlo se dejó guiar de parte de Nieves cada vez más rumbo a las ruinas. Ya se encontraba con ella de la mano en medio de lo que antes seguramente fue un portál que llegó a un chalé señorial. Las piedras de cantera que aun quedaban, dejaron sospechar una muralla fuerte que protegía a los que vivían dentro.

 

Hoy apareció pasto y  malas hierbas en las grietas y podían entrar sin más. Cuando notó donde estaban ya era demasiado tarde para retirarse.  La responsabilidad por su hermana le avisó no adentrarse más a estas ruinas, pero algo que no podía controlar le obligó a avanzar.

 

De lejos escuchaba a la pequeña cotillear despreocupadamente. Pareció que quedó persiguiendo al gato.

 

Siguieron en el paseo que condució del portál al chalé al que ya faltaban grandes partes de las paredes. Con las ventanas vacías dejaba una impresión lúgubre y tremenda. En una de estas ventanas fue, dónde pensó ver a su madre. Ahora nada...no observó ningún movimiento por ahí. Los sonidos naturales escuchó amortiguado. El graznido de las gaviotas, el viento que casi siempre se escuchaba a estos lados al correr del mar a la tierra, azotando las rocas y sacudando las palmeras. Todo le pareció como en cámara lenta.

 

Sin estar consiente que hizo, le agarró firmemente la manita de Nieves para protegerla de lo que sea. Manteniendo el respiro pasó con ella los límites de la casa señorial.

 

Notó un olor especial. Entre el olor fresco a mar y flores que dispersaban su perfume  en todas partes en que se habian buscado camino para crecer, se mezcló el olor a humedad y descomposición.

 

No soltando un suspiro se adentraron unos pasos. Entre polvo y escombros se veían muebles derrotados por el tiempo. Parecía que este lugar una vez era el salón. Aun se podía sospechar el  antaño lujo. Los sofas que ya quedaban sin relleno estaban cubiertos por la suciedad y telarañas. A las mesitas ya le faltaban unas piernas así que yacían medio en el suelo y, en las baules y armarios de los cuales habían muchos, hoy día se alojaban ratas, ratones y otros animales que buscaban un sitio adonde quedarse.

 

Mathias se paró asumiendo todo con devoción. Pensó en las personas, que vivíeron alguna vez en esta casa. ¿Quiénes eran? ¿ En que tiempos vivían? ¿Era una familia? ¿ Tenían hijos? ¿ Un hijo quizás? ¿Como se sentía? Tal vez tenía problemas intrafamiliares, igual como él. Tal vez otros que él, ni siquiera se podía imaginar....puede ser mucho más dificiles...

 

Repentinamente fue arrancado de sus pensamientos cuando Nieves se soltó de su mano gritando “ ahí esta, mira allí” alejandose corriendo de su hermano.

 

Necesitaba unos instantes para orientarse, sacudiendo la cabeza, abriendo y cerrando los ojos, como si estuviese durmiendo y ahora le costaba despertase.

 

Apenas orientado por completo vió desaparecer a su hermana por la puerta de enfrente que llegó a una habitación aun desconocido.

 

“ ¡Parate Nieves! Porfa espera...¿adónde vas?” le gritó siguiendola al tiro. Cuando alcanzó el umbral escuchó un ruido fuerte, mezclado con un grito asustado de la pequeña.

 

Allí la vió, em medio de un desorden de madera rota y escombros. En un abrir y cerrar de los ojos fue con ella. Le solto con cuidado mientras intentó hablarle de una manera tranquilizante para que deje de llorar “¿Que te pasó? Nevie, ¡dime! ¿ Porque te fuiste al golpe sin avisarmelo? Aquí es peligroso¿ sabes? Tenemos que quedarnos juntos”

 

“Pero mira...ahí estaba el gato” indicandole el lugar donde vió de nuevo este gato.

 

    
 
                                                                                                                              Regina Sedelke
 

 

Todos los derechos pertenecen a su autor. Ha sido publicado en e-Stories.org a solicitud de Regina Sedelke.
Publicado en e-Stories.org el 12.09.2007.

 

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